Un arranque que nos llena de esperanza

Antes de jugar con Tigres, la esperanza de que el Club León pudiera mejorar su desempeño respecto al 2018 era simplemente eso, una esperanza. Antes de jugar con Tigres, no había argumentos para soñar con una temporada exitosa. Al contrario, la salida de Mauro Boselli, el capitán y goleador del equipo en los últimos tiempos, sumado al pésimo desempeño que se arrastró durante todo el año pasado, hacían muy difícil el pensar en una revancha.

Pues este sábado, tras un empate con sabor amargo ante uno de los equipos más poderosos de la liga, quedó cierta certeza de que la fe que nos llevó a soñar en un futuro mejor no estaba infundada; certeza de que la esperanza que depositamos en Rubens Sambueza y Luis Montes no fue un engaño, y que si bien queda mucho por trabajar, por lo menos ya tenemos esa ilusión de que hay un nuevo horizonte, y que las derrotas y las frustraciones irán a menos.

Es cierto, tampoco es momento de echar las campanas al vuelo. El instinto de precaución está todavía alerta y nos recuerda que apenas es la jornada uno, y que ni siquiera se pudo conseguir la victoria. Pero el fanático esmeralda sabe que este sábado se vio mucho más fondo en el equipo del que se mostró en todo el año que acaba de terminar.

Sin el gran referente histórico como punta de lanza, el equipo entendió que solo el conjunto podía suplir a la individualidad, y en un primer tiempo magnífico, supieron dominar a los Tigres, que también pusieron de su parte al partir con un esquema defensivo con una línea de cuatro defensas custodiada por tres volantes de contención.

Así, con toda la vocación de proponer el partido, el Club León tomó la pelota, la dominó durante todo el encuentro, buscó siempre la portería contraria, y enamoró a su afición con la entrega y el carácter que los hinchas verdiblancos habían esperado ver en tanto tiempo.

Entre el ferviente capitán Luis Montes y el recién llegado Sambueza, se echaron el equipo al hombro e impusieron toda su autoridad en el mediocampo. Yairo Moreno también dio uno de sus mejores partidos desde que llegó al Bajío, y demostró porque se le candidateó como posible sustituto de Elías Hernández. Iván Rodríguez y Pedro Aquino supieron aguantar los embates universitarios y, al menos por el tiempo que compartieron en la cancha, le dieron el equilibrio necesario al equipo.

Y quizá un poco por debajo quedó la defensiva, sobre todo por los errores puntuales de Rodolfo Cota y Andrés Mosquera que acabaron por costarle puntos al equipo.

Así que luego de un año infumable que la hinchada esmeralda aguantó al pie del cañón, por lo menos este inicio parece prometedor. Y aunque siempre hay aspectos negativos, el 2019 supo dejarnos esa corazonada, esa renovada esperanza en el Club León, la misma que nos hace saber que siempre, en las buenas y en las malas, todo es cuestión de fe. #DaleLeón

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