La banda loca de los de Arriba

Por Jorge Ramos Pérez / Foto de Paulina Vaqueiro

Surgieron en el momento más difícil de la historia del club. Aguantaron los tiempos aciagos y crecieron en la parte alta de la cabecera 5 del Nou Camp. Ahora se pueden contar en miles, y los cuadros visitantes no los olvidan.

Los de Arriba son la porra del León más grande de las dos que han sobrevivido. Su influencia es más sudamericana y se acomodan bajo el mote de Barra Brava. Hoy son la más grande, pero no siempre fue así.

En sus inicios, hace 13 o 14 años, después del descenso de la Fiera, un grupo de jóvenes comenzó a reunirse en la puerta 5, a cantar y alentar a su equipo. Con un estilo de influencia más sudamericana, Los de Arriba rápidamente comenzaron a crecer.

“Yo iba a la Ultra, con el Balta, pero no me gustaba que no cantaban todo el partido. Yo volteaba a ver a Los de Arriba y veía que ellos nunca paraban. Después, un amigo me invitó con ellos y así empecé”. Esto lo platica “N”, un miembro de la porra que accedió a entrevista con la condición del anonimato, ya que no suelen conceder entrevistas, y rechazan la atención mediática.

“N” es miembro desde hace once años. Admite que no es miembro fundador, pero que cuando él llegó, difícilmente pasaban de 60 personas. Hoy, según sus cálculos, hay de mil 500 a dos mil personas cada partido de local.

Platica cómo la barra empezó con listas en una libreta, en la que se apuntaban los nombres de los integrantes que tenían derecho a un boleto. A veces, en partidos efímeros contra franquicias que hoy ya no existen, cuando nombres como el de Héctor “Yaya” Álvarez, Juan Carlos Chávez y Carlos Ahumada colmaban los titulares de los periódicos deportivos, sumaban apenas treinta o cuarenta nombres en la libreta.

Pero eso causó más identidad. “N” lo menciona sin tapujos: “El orgullo de esta barra es que esta barra sí empezó en la mierda, en el descenso. La barra no empezó con el equipo armado, ni con la mercadotecnia”.

Si en primera división las autoridades pueden fallar al desplegar los dispositivos de seguridad, en la Liga de Ascenso estos eran casi inexistentes.

“N” recuerda que los partidos en Irapuato o La Piedad eran en verdad de alta tensión.

“Cuando íbamos a estadios visitantes, el León perdía, y aparte la policía nos trataba mal. Como en La Piedad que nos encerraron”.

No obstante, insiste en que el lema de la banda es: “Nosotros no vamos a buscar, nos buscan”. Acepta que al ser miembro de una barra, la violencia es un riesgo siempre, pero cree que las personas van más seguras viajando con ellos.

“Yo siento que la familia corre más peligro yéndose en camiones particulares que yéndote con la barra. Mínimo con la banda vas protegido. Sabes que va a haber 40 vatos que no van a dejar que te toquen. Porque inclusive los operativos de seguridad se hacen para las barras, no para los camiones particulares. La policía espera a las barras y en cuanto pasan, se acaba el operativo”.

Aunque reconoce que muchos de los primeros miembros de la LDA provenían de la Ultra o de la Pasión 44, hoy son el grupo de animación más grande. Creció tanto, que se tuvo que dividir en zonas, es por eso que se ven pintas de distintos lugares de la ciudad.

“N” cree que se impuso a otros grupos por la propia reputación que creó.

“Éramos mayoría desde el ascenso. Ya éramos los primordiales. En otros estados se habla de una barra nada más, y se habla de Los de Arriba. Creció por el internet. Pero creció por la “Leonitis”, por el ascenso y por los campeonatos”.

“El ascenso fue lo primero. Porque sí ascendió, en vez de que fuera la decepción del año como siempre. En vez de que volviéramos a ser 20 o 50 al otro torneo, éramos más. Y así se ha mantenido”.

Un punto peculiar en el crecimiento de la barra ha sido la “Murga”, la banda encargada de los tambores y trompetas en cualquier porra. “Ahorita sí son de las mejores. Y empezaron desde abajo, como nosotros”.

“Ensayan, como tres veces a la semana, y si se escucha ya mejor”.

Al cuestionarle sobre la economía del grupo, niega que haya mucho.

“En esta barra no hay dinero. No hay lucro, porque esta directiva no pone camiones, y ahí es donde está el dinero. Lo que hay es un fondo para la misma barra, y de ahí sale para completar renta de camiones o para sacar a los compañeros que agarran”.

“En realidad esta barra no tiene lana. Es lo rescatable, que no se maneja tanto dinero, y se mantiene sano. Se maneja solo lo del boletaje, que es lo necesario para sobrevivir como porra”.

Además, asegura que varias cosas se pagan por zonas, por cada barrio, y se juntan en el estadio para hacer lonas o llevar banderas.

“N” cree que la división por zona es buena para la organización, ya que sería imposible controlar a todos los integrantes en conjunto. Sin embargo, también afirma que el balance es muy delicado, pues siempre está el riesgo de que alguien quiera tener más control sobre otros.

Las Barras Bravas son mal vistas en todo el mundo. Se les condena por la violencia y por los extremos a los que han llegado en Sudamérica. Aquí no se ha llegado a esos niveles, pero se mira con recelo a todas estas organizaciones.

En León, Los de Arriba son el objetivo de todas las críticas, aunque desde Zona A siempre se voltea a la puerta 5 a observar de lejos a los aficionados que han estado siempre. Como en todo, hay cosas buenas y cosas malas. Lo único que no puede reprochárseles es la pasión. #DaleLeón

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