Así se vivió en el vestidor el 12 ascenso del de mayo

Por Jorge Ramos Pérez | Foto: Especial

La vida de todos los aficionados al Club León ya no es la misma desde hace seis años. Un día como hoy pero seis años antes, la hinchada esmeralda vio recompensado todo su sufrimiento, pues luego de una década en la Liga de Ascenso, la Fiera volvía a la primera división.

Ese día, el 12 de mayo del 2012, la ciudad vivió uno de esos momentos que se funden en la memoria colectiva de la gente, y si para los seguidores verdiblancos ese recuerdo todavía causa furor, para los futbolistas que lo vivieron en la cancha el sentimiento resulta indescriptible.

Así lo ve por lo menos Julio Ceja, ex futbolista del Club León que estuvo en la cancha del Nou Camp el día del ascenso, y que vivió ese día con el alma en la piel.

“Representar a la selección, ascender con León, es lo más bonito que me ha pasado en mi trayectoria. Jamás lo voy a olvidar, jamás voy a olvidar ese paseo por la ciudad, con la gente, de verdad a donde voltearas veías verde. Era un ambiente impresionante, la gente estaba entregada, y ese 12 de mayo no se puede olvidar ni se debe olvidar”.

Julio ya sabía lo que representaba el Club León. Tenía cinco años en el Bajío, y había sido pieza principal en las finales y los fracasos de las temporadas previas. Se había hecho un lugar en el primer equipo, y había sufrido tanto las críticas y la desesperación de la afición como el amor y la devoción que le profesan a su equipo. Y el ascenso fue el punto más alto de su viaje.

“Es una fecha que marcó mi vida en cuestión deportiva. Desde que tiene uno de razón le apasiona el futbol, pues sueña con crecer, con jugar a nivel profesional, y evidentemente son muy pocos los jugadores que pueden gozar de muchos triunfos y títulos en su carrera, la mayoría de las veces hay que luchar, hay que batallar, y puedes hablar en tu vida deportiva de dos o tres logros importantes. Sin duda el haber logrado el ascenso con León es algo maravilloso que voy a recordar toda mi vida”.

Pero tampoco fue una historia perfecta. Julio, que seis meses antes era un titular indiscutible, cayó lesionado durante todo el Clausura 2012, y apenas y pudo regresar para la liguilla por el título y la final de ascenso. Sin embargo, eso basta para que se le quiebre la voz al recordar ese momento.

“En el momento en que Gustavo Matosas me manda a llamar para entrar al partido, para mí fue una sensación como de volver a empezar, como debutar. (…) Los 30 minutos que me tocaron disputar para mí son inolvidables. Yo recupero la pelota del cuarto gol, recupero un avance de correcaminos, hago contacto con el Chapo Montes que mete la pelota filtrada a Darío Burbano y anota el cuarto gol que en ese momento sentimos que todo estaba definido”.

Pero en realidad, los Verdes ya tenían gran parte de esa final ganada desde antes; desde que Gustavo Matosas se plantó frente a su equipo para la clásica charla motivacional y los convenció de que ganar era su destino.

“También nos marca mucho esa charla con Gustavo Matosas. (…) Recuerdo que nos presenta un disco, de un partido muy importante que sucedió en Uruguay en una copa del mundo que le había enviado su padre, y nos dice: “Muchachos, esta es la final de Uruguay. ¿Alguien cree que es importante ver el video antes de salir a la cancha para motivarlos?”. Y todos asentimos, todos dijimos que claro, que nos gustaría, y avienta todo, y dice: “Esto no es necesario, no sirve para un carajo. ¿Qué más motivación quieren si están a punto de hacer historia después de diez años de haber estado en el ascenso? Vamos, carajo, que hoy es el día”.

Fue por eso que Julio sabía desde que entró a la cancha que ya no había un segundo más. Dejó de lado el dolor, la angustia, la preocupación por la lesión y todos los fantasmas en su cabeza, para salir y matarse en el campo.

“En el momento que entré, ellos lo sabían (sus compañeros), que entré con una pierna menos, porque no te puedo decir que llego a ese partido al cien por ciento porque te mentiría, creo que ven en mi cara esa confianza y esa seguridad que siempre tuve. Yo pude ser un jugador que le salían las cosas a veces, a veces no, pero en cuestión desgaste, en cuestión correr, en cuestión de meterle, la verdad es que siempre traté de defender la camiseta del León como la defendían los hinchas en la tribuna”.

Hoy, seis años después, Julio ya está retirado. Su rodilla no pudo resistir más, pero sigue siendo aficionado esmeralda, y espera que el equipo retome el camino que lo llevó al ascenso, y eventualmente al bicampeonato.

“Esta temporada me parece que ha sido desastrosa, me parece que ha sido una muy mala planeación de la directiva. Creo que Chucho, conociéndolo, tendrá que volver a las bases, tendrán que replantear, tendrán que salir muchos, esa es la realidad también, el equipo sí necesita una reestructura”.

Así que luego de una temporada desastrosa, después de la frustración y la impotencia, la hinchada se toma un respiro y voltea al pasado, a una de las fechas más importantes de su vida como aficionados verdiblancos, en espera que el equipo actual recuerde la pasión que demostraron aquel mítico 12 de mayo del 2012.

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