La historia de un Ángel rebelde

Por Pablo Pujadas

En Argentina suele estar como establecido que los nacidos en el interior del país tienen características más tranquilas que la de los nacidos en Capital Federal (Buenos Aires), “los porteños”.

Pero hay excepciones y aquí en esta columna y con este protagonista, no se cumple.

Su carácter y personalidad le permitieron llegar a lo que fue y a los logros que consiguió.

En la ciudad de Reconquista, provincia de Santa Fe, el 27 de febrero de 1962, nace el “Flaco”, como le sabían llamar y así le siguen llamando en su entorno.

Su característica física, alto y flaco, no tuvo posible error al apodo escogido. Sumado a esta, una cabellera larga que hoy día perdura y es la envidia de muchos con poco pelo como quien suscribe. Y la que no le quitaría eficacia al momento de desempeñarse como arquero.

Ya allí un dato de quien les escribo, Ángel David Comizzo.

Quien dijo ser arquero desde estar en la panza de la mamá. El que de pequeño escuchó todo partido de fútbol por la radio a transistores de su papá por no tener televisor en la casa. Y cuando podía verlo por televisión era en algún negocio del centro de su ciudad natal.

A los 11 años jugó baby fútbol en un equipo llamado Carnicería Raffin. Sí, así se llamaba y jugaban por los puntos, no por el asado o un gancho de chorizos, y en el que dio su primera entrevista por la actuación que había tenido en uno de los partidos.

Con 15 años ya estaba jugando a nivel regional con el equipo de Racing de Reconquista, zona bastante difícil y en la que compartía equipo con muchachos con el doble de su edad.

Eso le sirvió y con consentimiento de los grandes, de poder forjar un carácter fuerte a corta edad. El mismo carácter que en su carrera le jugaron buenos y malos momentos con los hinchas, dirigentes, técnicos y compañeros de equipo.

A nivel profesional pudo haber comenzado pronto su carrera, pero antes estaban los estudios, aunque no era estudioso. Pero así lo quiso su padre y así se hizo.

Rechazó ofertas de equipos importantes de Buenos Aires y consiguió probarse en Rosario Central, que no queda lejos de su ciudad y le permitía seguir estudiando; pero la respuesta fue que no tenía condiciones y que se dedicara a otra cosa. Primer golpe.

Si bien Aurelio Pascuttini le veía condiciones, por el pase les ofrecieron 10 botines y 5 pelotas.

Segundo golpe, que desde ya no soportó y no aceptó quedarse. Pero todo eso no dejó de lado poder llegar al fútbol profesional.

En 1979 y por Humberto Savoia, su padre futbolístico, le consiguió una prueba en Talleres de Córdoba, donde Labruna estaba de director técnico y donde quedaría como tercer arquero (primero Baley y segundo César Mendoza).

El debut oficial se dio recién en el año 1982 con un desempeño bastante destacado y en donde más resaltaba su carácter y juego salidor del área (su referente siempre fue Hugo Orlando Gatti).

La etapa de Talleres culminó en el año 1988, que nada más ni nada menos por ser tenido en cuenta por el flaco Menotti para que llegara a River Plate (club del que también es hincha).

En el club Millonario con un intervalo de un año en el club Tigres de México (1990-1991), su primera etapa fue del año 1988-1990 y la segunda (y no la última) del año 1991-1993.

Dos etapas que tuvieron sabores dulces y amargos, pero en donde prevalecieron los dulces y de mucha alegría. Campeón de Primera división 89/90 y Apertura 91.

Tuvo actuaciones sobresalientes y participaciones determinantes debajo de los tres palos. Enfrentamientos futboles con sus archirrivales de Boca Juniors (siempre le arrojaban cosas desde la tribuna; pero la de la radio y en un penal para River que la utiliza para escucharlo enfrentando a la hinchada de Boca es destacada y para que Woody Allen hiciera una película).

Se le cruzaron malos entendidos con Passarella que le costarían caro a nivel futbolístico y la gente tendría una mala actitud sobre él por eso.

La agresión menos esperada dentro de este hermoso deporte que es el fútbol, cuando en un partido contra Racing Club de Avellaneda, que no peleaba por nada ninguno de los dos equipos, le arrojaron una piedra, quedó con un corte en la cabeza y un traumatismo de cráneo.

Su paso por la selección Argentina fue en la juvenil de Pachamé y en la de Bilardo del 90 como tercer arquero. Aquí me animo a dar mi opinión: debió ser tenido más en cuenta.

Por lo citado con Passarella en el año 1993, debió irse y por ello durante un año el América de Cali de Colombia lo contrató, hasta que desde Banfield requirieron de sus servicios desde 1993 hasta 1996.

De ahí, nuevamente por otra oferta desde México, emigra y desde ese año llegó al Club León.

Con la Fiera continúa en gran parte con muy buenas actuaciones, en muchas de relevante, pero así también con opiniones repartidas sobre ese partido contra el Cruz Azul.

Muchos tal vez no lo sepan, pero casi al mismo tiempo de ese hecho, sonó fuerte que el club Boca Juniors lo quiso repatriar, a lo que Comizzo dice que hubiese sido un error gravísimo.

Además, no se da porque el técnico de León de ese entonces siempre afirmó con un “yo a Comizzo lo disfruto domingo tras domingo”

El “Flaco” fue, es y será así. Ámalo, ódialo.

Yo, en el pan y queso, si gano, sin duda lo elijo para mi equipo.

Técnicamente y por personalidad entra dentro de los arqueros que jerarquizo para ese puesto en el fútbol. ¡Gracias, Ángel!

Acerca de Pablo Pujadas

Soy Pablo Pujadas vivo en Buenos Aires, Argentina. Mi gusto por la Fiera nació en 2016 cuando por circunstancia de mi hermana, que está viviendo en León, viajé a visitarla y me llevó a la cancha a ver un León contra Monterrey. Desde ese momento y de forma instantánea quedé aficionado a León. Soy hincha del River Plate.

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