Ahí viene el León de los Campeonatos

Luego de la decepcionante derrota del Club León frente a Chivas la semana pasada, la duda comenzó a escabullirse por los pensamientos de los aficionados esmeraldas, pues la imagen de equipo invencible que se había erigido por doce semanas consecutivas se cayó en un instante.

Ahora ya nada estaba seguro. El León era vulnerable, y podía volver a caer ante Pachuca y hacer realidad los peores pronósticos que se lanzaban sobre ellos.

Pero lo que sucedió fue precisamente lo contrario. El Club León de Ignacio Ambriz se midió en un duelo de honor ante los Tuzos del Pachuca, en un matar o morir descontrolado del que salieron avantes por su estoicismo y su capacidad de reacción. Superaron a un posible rival de liguilla, y disiparon las últimas dudas que velaban sobre ellos para transformarlas en un sentimiento nuevo y extraño que hacía mucho tiempo que se había olvidado en el Bajío: la esperanza.

Luego de 17 fechas de Liga MX, el Club León ha cosechado algo más que el liderato, los 41 puntos o los récords. Los pupilos de Ambriz se han batido a muerte contra todo lo que la liga tiene para ofrecer, y salieron de la pelea como el mejor equipo de futbol de todo el país. Han avanzado jornada a jornada, atentos, concentrados, sin desviar la mirada del objetivo, y han logrado ganar en trece ocasiones distintas. Los soldados espartanos de Ambriz se han sobrepuesto a un sinnúmero de críticas, de escenarios adversos y de situaciones incómodas, y se han ganado la etiqueta de favoritos.

Y a punto de encarar una liguilla por primera vez desde hace más de un año, han vuelto a esperanzar a todo el pueblo que los ha acompañado en este viaje de redención.

Porque cuando las victorias no se dieron, cuando el León significaba miseria y frustración, cuando los balones simplemente no entraban y la desesperación se transformó en el pan nuestro de cada día, en esos momentos los mismos enfermos de futbol que decidieron apostar por el verde estaban ahí, en la tribuna, desde donde exigían, se molestaban, y gritaban e insultaban, mientras se preguntaban a sí mismos: ¿Cuándo se torció el camino? ¿Cuándo abandonamos la grandeza para pasearnos entre la mediocridad y la medianía?

Hoy, ese mismo pueblo verdiblanco ha recordado el orgullo y la pasión. Ha vuelto a sentir en el pecho una sensación ardiente, un fuego misterioso que les dice que no existen imposibles, y que la gloria está, nuevamente, al alcance de sus manos.

Y marca tras marca, hazaña tras hazaña, los hinchas, rebosantes y poderosos, se han dejado llevar, se han entregado totalmente y han vuelto a confiar en Ambriz y sus paladines, los once elegidos que, ahora sí, podrán regresarlos al panteón de los dioses, al octavo título que hasta hace seis meses se veía como una utopía inalcanzable.

Pues esa misma octava estrella está a seis partidos de distancia, y con la oportunidad única e inigualable de culminar un cuento hermoso que inició el año pasado, entre los fracasos y los sinsabores de la derrota.

Porque ayer, con la victoria frente a Pachuca, se acabó oficialmente el León de los Récords. Pero prepárense, porque ahora se viene el León de los Campeonatos. #DaleLeón

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