La liebre de las viñas

Por Pablo Pujadas

La ciudad de Atuel, un rincón donde la tierra madura las extensas hileras simétricas de las uvas del vino, en la provincia de Mendoza, Argentina.

En una finca arrendada de cuarenta hectáreas por el padre del protagonista de esta columna de hoy. Es allí desde pequeño que convivió con la vida de producir la uva, trabajar la tierra, cuidar las plagas, riegos y hasta manejar como mucha habilidad el tractor.

Y, como la gran mayoría de los niños, acompañado de sus dos hermanos, es que Roberto Salomone en los ratos libres y entre las mencionadas hileras del viñedo despuntaba el divertimento de jugar a la pelota.

Ese divertimento que estaba casi a la par de danzar alegremente dentro de los grandes toneles repletos de uva y saltar y patear las mismas para que luego ese vino “patero” fuera uno de los elementos protagonistas en las fiestas navideñas en su ciudad natal.

Su habilidad y por sobre todo velocidad, acostumbraba a practicar y correr con quien se le pusiera al lado o en las carreras que organizaban en el colegio y siempre las ganó. Él nunca necesito de entrenador o de alguien que lo instruyera en eso, ya que como dice, era algo natural. ¡Corría como una liebre!

En lo futbolístico empezó a jugar en los equipos de su pueblo, siempre de 9 (también le gustaba gambetear) y picando al vacío para encontrar el gol.

Los equipos fueron varios y su desempeño era tan notorio, que con corta edad de preadolescente ya jugaba con los más grandes. Siendo esto a futuro un beneficio para él porque ya le hacían sentir el rigor de jugar con los grandes.

Marcas más fuertes, piques más explosivos y largos y más picardía (los grandes la tenían más clara).

A los 13 años ya jugaba para Atuel Norte, un equipo de la 1B y a los 15 ya estaba en la Primera. Ese trabajo de “hombre” ya de pequeño le dio la contextura física para afrontar el estar en esas divisiones.

A los 18 años pasó a otro equipo de Primera y digamos de más importancia, el Gouge. En ese equipo salen campeones y Salomone goleador. ¡Madre Santa, ya asoma el artillero!

El apoyo de su familia y sobre todo el de su padre, le permitió previo vivir y trabajar un tiempo en San Rafael Mendoza. Llegó en el año 1964 a la gran ciudad y directamente a la pensión de Atlanta.

Un gran cambio, pero en el que se sintió muy bien acompañado por Carlos Griguol (el más bueno que conocí, decía), Luis Artime (es un tipo bárbaro, decía) y también Gatti.

En Atlanta, por las condiciones que ya mostraba y traía no le llevó mucho tiempo entrar en sintonía y ser protagonista.

Un goleador que ya se vislumbraba y en donde comenzó a pulir su juego, sumaba gambeta, elasticidad, excelente panorama y ubicación dentro del campo de juego y su ya conocido y desarrollado pique y carrera rápida. La que en ocasiones era mayor a la de sus compañeros.

En 1966 sin pedir permiso ya comenzaba a figurar en la tabla de goleadores y a convertir goles en partidos contra adversarios importantes. Y si no los hacía, en gran porcentaje participaba de la jugada de gol.

Uno de los partidos que más destacaría de Salomone en Atlanta es el que enfrentando a Huracán el 15-05-1966, le ganaron al equipo de Parque de los Patricios por 7 a 0. Salomone convierte 4 de esos 7 goles. Y otro en el mismo año y a estadio a explotar en la cancha de River Plate desde ya como visitante, Atlanta le gana al Millonario por tan solo 1 a 0, pero en una jugada que participando Salomone en el gol termina casi como una escena tragicómica (esto no lo alteraba mucho, su propósito era hacer gol o estar en la jugada de gol).

Para fines de 1967, su nombre se rumoreaba por el club de la ribera, Boca Juniors. Que dicho club se interesara por él, no negó que era muy interesante.

Pero más le sedujo y por encontrase Pizzuti muy interesado en Salomone, es que aceptó la oferta de Racing Club. Comentaba que su estilo se adaptaba mucho a la forma de jugar de ese entonces de Racing, un equipo que siempre priorizaba el ataque y allí podría explotar sus habilidades.

Esto le llevó un tiempo ya que, si bien Racing venía de ganar la Copa Intercontinental en el 67, el post dejó al equipo bastante cansado y duró un rato volver a encontrar el equipo. Y cuando lo hizo, Salomone estuvo allí aportando sus goles.

En 1968 la Academia empieza a tomar vuelo nuevamente; triunfo con gol de Salomone en el clásico Racing-Independiente y llega a no ganar ese campeonato del 68 tras caer derrotado en los desquites.

Continuaría en la institución de Avellaneda hasta el año 70, que por los tantos argentinos exportados a México es que le llega la oportunidad de ser uno más de esos. Y por supuesto se da al equipo de los Esmeraldas, al Club León.

El rubio de pinta de atrevido, pero solo era eso ya que siempre se manejaba de bajo perfil, comenzó a formar parte de la plantilla del León en donde Antonio Carbajal estaba como técnico.

Su etapa 1970 a 1980 está plagada de goles que lo dejan hoy día dentro de los más goleadores de la institución del Bajío sumando 96 los hechos para los Panzas Verdes. Y por ello en el muy buen recuerdo de todos los aficionados a la Fiera.

Su velocidad lo caracterizó al punto de apodarlo aquí en Argentina, la “Liebre”. Sumó su agilidad y gambeta para que esa velocidad tuviera muchos finales felices en las redes de los arcos de los adversarios.

Por los cimientos de sus raíces casi de la misma característica que los terruños a los que de pequeño acostumbraba trabajar.

Salomone fue muy lento y cuidadoso para dejar un paso y sello firma en cada club que representó y en cada argentino que le agradece representarnos.

A este crack no podemos insinuarle, ¡que no se te escape la tortuga! ¡Gracias, Liebre!

Acerca de Pablo Pujadas

Soy Pablo Pujadas vivo en Buenos Aires, Argentina. Mi gusto por la Fiera nació en 2016 cuando por circunstancia de mi hermana, que está viviendo en León, viajé a visitarla y me llevó a la cancha a ver un León contra Monterrey. Desde ese momento y de forma instantánea quedé aficionado a León. Soy hincha del River Plate.

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