#TBT: El día en que el Club León pudo convertirse en Puebla

Era domingo, 20 de junio de 1999. El Unión de Curtidores destrozó en el “Glorioso” Nou Camp a los Venados de Yucatán, y certificó su ascenso a la primera división mexicana. La ciudad se volvió blanquiazul, y el festejo se apoderó del Bajío por el regreso de un histórico a la máxima categoría del balompié nacional.

Pero la alegría duró muy poco. Un día después, el lunes 21, las tapas de los periódicos locales cambiaron los festejos por el ascenso por la angustia de la desaparición. Tras el ascenso de los Curtidores, el dueño tanto de ese equipo como del Club León, Valente Aguirre, confirmó los rumores que ya habían circulado en la ciudad desde meses antes: la venta de la franquicia del León a Puebla.

Los empresarios Francisco Bernat y y Enrique Regordosa habían adquirido al equipo esmeralda en seis millones de dólares para convertirlo en el Puebla y mantenerlo en la primera división a pesar de haber descendido deportivamente esa temporada. “Si ahorita pudiera, ahorita me llevaba el equipo a Puebla”, aseguró Bernat desde Ixtapa, donde se celebraba el draft, todo a pesar de que en nueve ocasiones distintas Valente había negado la venta del equipo, como lo informaba una nota del periódico AM. Ahí tronó la bomba, y en León se formó un frente común para impedir la partida del equipo histórico.

De inicio, fue el presidente municipal de León, el panista Jorge Carlos Obregón, el que tomó el toro por los cuernos, y aseguró que haría “todo lo que esté al alcance”, para asegurar la continuidad del equipo.

Ese fue solo el principio, pues no solo él, sino otros políticos tanto del PAN como del PRI se unieron con el mismo objetivo. La entonces regidora por el PRI, Bárbara Botello, aseguró que Aguirre había vendido al equipo “como si fuera un puesto de tacos o de aguas frescas”, mientras que el contralor del ayuntamiento, Juan Segoviano Valtierra, insinuó que el gobierno municipal podría “participar conjuntamente con la iniciativa privada en la compra del León”.

Además, un grupo de exjugadores y directivos del equipo, liderado por el doctor Primo Quiroz y el exfutbolista Antonio Battaglia, hicieron un llamado para una manifestación pública el martes 22 en las afueras de la presidencia municipal, con la que exigirían la permanencia del León en la ciudad.

Al contrario, el entonces gobernador del estado de Guanajuato, Vicente Fox, se mostró al margen, y aseguró que cualquier empresario podía hacer lo que quisiera con su patrimonio privado.

“Simple y sencillamente es una decisión particular de ese señor (Valente Aguirre). Yo creo que si a alguien se le deja ser dueño particular y se le pide que meta dinero de manera particular a un equipo de futbol, tiene todo el derecho de hacer lo que le corresponda (…) (Si se va) pues volvemos a hacer un equipo León aquí. Esto depende de la afición, y de las ganas que tenga de comprometerse y de tener un club local y propio”.

Pero el martes 22 la situación dio un giro completamente diferente. Tres mil personas, según los cálculos más positivos de los asistentes, se manifestaron ese día, y al grito de “Aguirre Traidor”, exigieron el accionar de las autoridades.

Por su parte, el senador priísta José de Jesús Padilla , aseguraba que Bernat estaba dispuesto a devolver la franquicia a León, aunque exigía una comisión de 500 mil dólares para hacerlo.

Así, después de ver la reacción del pueblo verdiblanco, Vicente Fox cambió inmediatamente su discurso, y envió a Ixtapa al alcalde Jorge Carlos Obregón y a su Secretario de Gobierno, Ramón Martín Huerta, quienes se reunieron con Valente Aguirre y los empresarios poblanos. Además, ahí también se encontraba ya Roberto Zermeño, quien representaba a un grupo de empresarios leoneses que se mostraban dispuestos a comprar al León.

Y tras una reunión de cinco horas, se consiguió que Valente Aguirre optara por vender la franquicia de los recién ascendidos Curtidores en vez de la del León, que se quedaría en la ciudad. El acuerdo económico no se hizo público.

Regordosa, socio de Bernat y nuevo dueño de los Curtidores, declaró después: “Nunca esperamos, ni el señor Aguirre ni nosotros, la reacción que hubo en León con la posibilidad de cambiar de sede al equipo, y ante ello y con la ayuda de algunos funcionarios del estado de Guanajuato, se llegó a un acuerdo salomónico: nos quedamos finalmente con la franquicia del Curtidores”.

Valente nunca escondió que el equipo de sus amores, al que siempre quiso más, siempre fue el Curtidores, y en ese momento lo reiteró.

“Me equivoqué. La gente tiene razón en reaccionar así pero al que yo quería era al Unión, porque era el equipo al que vi nacer y que quise”, dijo, y añadió: “ahora con esto ya no tengo equipo. Tengo al León, pero no tengo equipo favorito. Yo quería al Unión, y ahora no garantizo cuanto tiempo vaya a seguir con el León, si saliera alguien de inmediato, lo vendería”.

El que salió fue Roberto Zermeño, que recompraría al León en ese momento. Muchos años después, en su libro, Zermeño diría que fue él quien convenció a Valente de vender al Curtidores y no al León, y que se animó a comprar al equipo bajo la promesa de apoyos de parte de un grupo de empresarios leoneses y del Gobierno del Estado, aunque según su versión, todos ellos lo abandonaron después.

Así, el jueves 24 de junio de 1999, las portadas del AM y el Heraldo publicaban en sus portadas un mensaje claro y contundente: “Se queda”. El Club León permanecería en la ciudad para júbilo de todos los aficionados verdiblancos que habían conseguido hacerse sentir.

El viernes, se informaba desde Puebla que el entorno local rechazaba la llegada de los Curtidores, mientras que en León, unos 300 aficionados cuereros se manifestaron en busca de impedir la salida de su equipo, reclamos que de poco sirvieron, pues ya todo estaba hecho.

Al final, una infinidad de personajes se unieron todos para impedir la salida de un equipo histórico y fundamental para la vida social de la ciudad. Políticos de partidos rivales de toda la vida como el PRI y el PAN, exdirectivos como Primo Quiroz y Pedro Pons, exjugadores como Antonio Battaglia, un tipo tan controversial y repudiado como Roberto Zermeño, y los más importantes, la afición, todos se manifestaron para evitar la pérdida de más de cincuenta años de historia y tradición, y gracias a ese esfuerzo colectivo, el Club León se pudo quedar en su ciudad, la misma a la que ha pertenecido desde 1944 y contando.

*Con información de Revista Proceso, Periódico AM y Periódico el Heraldo y fotos del Archivo Histórico de León.

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