"Sigo enamorado de León": Julio Ceja

Por Jorge Ramos Pérez | Fotos: Especial

El futbol siempre encuentra el camino. Tal vez sea más rápido para algunos o tal vez menos intrincado. Puede atravesar por lugares oscuros o hasta puede terminar abruptamente, pero siempre, en algún punto, tendrá un roce con la gloria, y eso basta para alimentar historias increíbles que nunca pierden su magia.

“La vida cambia en cuestión de segundos, y es así no solamente en lo deportivo”, dice sin complejos Julio Cesar Ceja, quien vivió una carrera atípica en el futbol, pero que encontró en el Club León ese pedazo de gloria que le estaba reservada.

Y es que su camino no fue para nada sencillo. Nacido en Zamora, Michoacán en 1986, comienza a practicar el futbol en su ciudad natal, hasta que llega a las inferiores de Cruz Azul a los 14 años, donde crecería en calidad y alcanzaría el nivel para estar en la Selección Nacional Sub 17 que fue al mundial de la categoría en Finlandia en 2003.

En esa experiencia mundialista, México avanza a los cuartos de final como segundo lugar de grupo, superado por una Colombia que contaba con jugadores como Cristian Zapata, Freddy Guarín o Adrián Ramos, y caerían en cuartos de final ante Argentina, que sería campeona de ese torneo con aportaciones de futbolistas como Fernando Gago, Lucas Biglia, Ezequiel Garay, Neri Cardozo, Nahuel Guzmán y Óscar Ustari.

“Cuando termina el mundial Sub 17 se acercan tres visores de clubes importantes, y me ofrecen ir a la Juventus, Mónaco y Barcelona. Cruz Azul no me vende en ese momento, me dicen: “Tenemos planes contigo y para ti. Esperamos que Barcelona siga siendo visor tuyo”. Me comentan que querían que debutara en Cruz Azul, jugara algunos años y después partir a Europa”

Con ese plan en su cabeza, continuó con su proceso y en el 2007 Isaac Mizrahi lo incorpora al primer equipo, aunque nunca llegaría a debutar en la primera división con el cuadro cementero.

“En varias ocasiones, el día que se daba la lista, que casi siempre era un día antes del partido, tú bajabas al vestidor y veías los 18 que iban a concentrar. Yo muchas veces bajé con la ilusión de encontrarme con mi nombre en la lista porque creía que había trabajado de manera adecuada, y me encontré con la sorpresa de que no”.

Como cualquier joven que logra destacar hasta nivel de selección, Julio soñaba con debutar en cualquier momento con el Azul, algo que parecía inevitable, pero el futbol le tenía preparado un golpe que cambiaría el resto de su vida.

“En un partido con reservas en el cual empatamos 1 – 1 con el América, yo hice el gol ese día, salgo de cambio por una molestia muy puntual en la rodilla. Venía de una cirugía de trámite, como era de meniscos, pero me tardé en recuperar, lo que normalmente son tres semanas o cuatro, yo tardé tres meses, porque argumentaba que me dolía, que había algo”.

Por recomendación de Salvador Carmona, y apoyado por Mizrahi y Billy Álvarez, Julio viaja a Guadalajara para ver al doctor Rafael Ortega, quien le dio un diagnóstico inesperado.

“Yo me acuerdo que decía: Si llego y me dicen que es el ligamento cruzado, me retiro. En ese momento fueron mis palabras, entendiendo equivocadamente que es la peor lesión del futbol”.

Pero en vez de eso, Rafael Ortega le descubrió una osteocondritis disecante.

“Es decir, mi cuerpo secó mi cartílago y lo desprendió. Me dijo: Le llaman el cáncer del deportista. Es una lesión que sí deja secuelas, dado que no se puede regenerar el cartílago con nada. Lo único que hay es un trasplante de cartílago que no está comprobado en atletas de alto rendimiento”.

Rafael envió una carta a Cruz Azul donde decía que luego de ocho meses de recuperación, Julio volvería a las canchas, pero por su parte, el doctor Alfonso Jiménez de Cruz Azul aseguró que solo le quedaban tres años de vida deportiva, lo que generó un conflicto que terminó con su salida de Cruz Azul, y su llegada, de rebote al Club León.

“No fueron los tres años que Jiménez argumenta, todavía jugué ocho años más, pero sabía que tarde o temprano iba a terminar”.

Julio batalló para ser liberado por el Cruz Azul, y cuando finalmente tuvo todos sus papeles en regla, tuvo la chance de ir a Monterrey junto a Mizrahi, aunque en ese preciso momento, su extécnico es destituido de los Rayados para darle entrada al proyecto de Ricardo La Volpe en enero de 2008.

Así, fue Gabriel Pereyra el que lo sacó de la incertidumbre, pues le abrió una puerta para jugar en su club de ese momento, el Atlante, aunque este movimiento tampoco llegaría a concretarse.

“Yo le comento: “No estoy bien, acabo de salir de una lesión, fue complicado para mí. Me gustaría llevar un proceso para volver a las canchas. Tengo entendido que ellos son dueños de León, ¿Por qué no abogas por mí para poder ir al León? Y después de determinado tiempo yo me creo capaz de llegar a Atlante”

“Cuando llegué a León me encontré con un plantel basto en todos los sentidos, Eder Patiño, Toño Pérez, Almirón, García Zavala, Quiñones, Mauricio Romero, Freddy Bareiro, y digo: “Hijole, esta tarea no es tan sencilla”.

En su primer torneo en León, el Apertura 2008 con Sergio Bueno al frente del equipo, Julio no fue registrado por Grupo Pegaso debido a cuestiones administrativas, mientras que para su segunda campaña con Mario García como técnico, se vio relegado a los Cachorros de Segunda División.

Ve sus primeros minutos en el primer equipo hasta el Clausura 2009, de la mano de Agustín “Pelón” Santillan, en un duelo ante Tapatío en Guadalajara, y a partir de ese momento, su carrera va en ascenso.

Comienza a sumar minutos y explota en el Bicentenario 2010, cuando llegan a la final ante Necaxa, misma que volverían a perder, pero para ese momento, Julio Ceja era ya reconocido por la afición, titular indiscutible y uno de los jugadores más talentosos de la plantilla esmeralda.

“La gente veía a un Julio Ceja comprometido, que rechazó varios contratos económicos mejores de los que tenía en León por seguir en el equipo que más amaba, en el que había sentido respaldo siempre, en el que había crecido deportivamente. Me uní a ese reto de decir: “No me voy hasta que el León ascienda”, mientras dependiera de mí”.

Así fue hasta los cuartos de final del Apertura 2011, cuando el león despachó al Irapuato por 3 – 0 en los cuartos de final, pero Julio tuvo que salir por lesión, y volvería a vivir el calvario que lo persiguió siempre.

“Después de estar separado del plantel un tiempo, me piden que vuelva a la cancha. Yo les aviso que tenía una lesión, que tenía que hacerme una limpieza articular, se me pide que juegue así hasta donde me alcance y es donde yo declaro: “Hasta que la rodilla me truene voy a jugar”.

Ahora Julio sabe que tal vez ese fue un error, pues debió de haber visto más por su integridad física, pero reconoce que fue el sentimiento lo que lo motivó.

“Sigo enamorado. Nunca voy a cambiar nada de lo que viví en león, en cuestión de triunfos, alegrías, todas esas sensaciones tan bonitas que me provocó el haber jugado para ese equipo. Al momento de ponerlas en una balanza, me quedo con lo más lindo y solo queda seguir apoyando al equipo ahora como aficionado”.

Tras esta recaída, Julio se perdió todo el Clausura 2012, el del ascenso con Gustavo Matosas, pero en un acto de honor deportivo, el estratega uruguayo le dio la oportunidad de participar algunos minutos en el mayor logro del club en ese tiempo.

“Siempre supe que fue más por decisión de Gustavo que porque Julio Ceja estuviera en un nivel óptimo. Gustavo lo hizo más de corazón, de decir: “Lo voy a meter porque creo yo que lo merece”.

Ya en primera división, Julio no encuentra cabida en un equipo embalado, sin lugar para nuevas oportunidades, por lo que tras una plática con Matosas, decide salir a Estudiantes Tecos, donde cumple con un buen torneo y sale a Lobos BUAP, pero la rodilla ya no dio para más.

“Cada vez se acercaba más una cirugía con otra y esto avisaba que se acercaba el momento de decir adiós, hasta el día que visito a Rafael Ortega y me dijo: “Te estás empezando a dañar el platillo tibial, y me parece que es el momento de que te retires del futbol o vas a terminar con una prótesis de rodilla a los 40 años”.

Todavía hubo un contacto con Alebrijes de Oaxaca que no terminó bien, y en el Apertura 2013, tras finalizar la temporada con los Lobos, a la edad de 27 años, se despidió del futbol profesional.

Ahora Julio vive en San Antonio, Texas, tiene un proyecto para hacer un videoblog y entrena un par de equipos juveniles mientras se prepara para obtener su título como director técnico, pues sabe que su destino no puede separarse de las canchas.

“El futbol no espera para nadie. El futbol ha continuado sin Pelé, Maradona, Di Stefano, Cruyff y los que me digas, máxime con un jugador como yo que pasó desapercibido”.

Pero en la ciudad de León, Guanajuato, donde miles de enfermos sudan futbol por cada poro de su cuerpo, ahí siempre será recordado por la pequeña tregua que le regaló su rodilla, ese breve periodo de tiempo cuando se encontró de frente con la gloria.

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