Poco importó la Copa, esta fue la noche del Matador

Todo indicaba que iba a ser una noche como cualquier otra. El Club León enfrentaba un partido poco menos que intrascendente ante la banca de los Alebrijes de Oaxaca, y en medio de una ciudad desquiciada por los hidrocarburos, el futbol parecía la última de las preocupaciones.

De cualquier modo, la entrada gratuita ayudó a atraer a buena parte de la hinchada, que esperaba ver de primera mano el rendimiento de algunos de los refuerzos esmeraldas, así como de los juveniles que a partir de esta campaña dieron el salto al primer equipo.

Pero unos minutos después de que comenzó el partido, el sonido local anunció repentinamente que este encuentro serviría para despedir a Mauro Boselli. Inmediatamente, los ojos de algunos aficionados apuntaron al palco de la directiva, en espera de descubrir al “Matador de Barracas” reconciliado, pero ahí solo estaban Jesús Martínez Murguía e Ignacio González, que apreciaban atentos el partido.

Después, el sonido precisó que Mauro estaba en la puerta cinco, y fue entonces cuando los hinchas lo encontraron, en medio del pueblo verdiblanco, como un delirante más, que gritaba y saltaba en busca de transmitirle algo de pasión al equipo.

Y desde ese momento, el segundo máximo goleador de la historia del Club León se robó la noche. El equipo dominaba a los Alebrijes en la cancha, como se esperaba en los pronósticos, y parecía cuestión de tiempo para que llegara el gol de la ventaja.

Pero lo que llegó fue el descanso, y todos los ojos voltearon al centro de la porra de Los De Arriba, donde Mauro había dejado de ser el goleador histórico, la figura inalcanzable, para convertirse en uno de nosotros, “uno di noi”, como dirían en Italia, un hincha más, entregado a su equipo, entre el frío de la noche y el calor de la cerveza, a un lado de la murga estridente y perdido entre el mar de banderas verdiblancas que terminaban por adornar el cuadro.

En ese mismo momento, cuando los incrédulos aficionados esmeraldas acudieron a las redes sociales para explicarse la aparición del ídolo, encontraron el último golpe directo a la directiva, que se quiso adjudicar la despedida en el último minuto. “Me hubiera gustado quedarme, pero ustedes decidieron que no fuera así”, dijo fuerte y claro el capitán y goleador esmeralda, en un último tiro de dignidad.

Y mientras todo esto ocurría en la tribuna, en el campo los futbolistas esmeraldas seguían en su tarea. Dominaban a Alebrijes, generaban más peligro, pero no caía la anotación. Hasta que en un momento hilarante, un choque entre el canterano debutante Adrián Vázquez y el chileno Jean Meneses derivó en un contragolpe y la ventaja para Alebrijes. Ahí cambió el guion del juego, y ahora todos sabíamos lo que pasaría. Oaxaca se encerró en su área, aferrados a la mínima ventaja que habían conseguido, y el León que se estrellaba una y otra vez ante el muro infranqueable que le impuso el equipo de la división de ascenso.

Y así terminó todo. La primera derrota del año ante un rival de menor jerarquía, y en presencia de uno de los últimos ídolos que abandonó la tribuna de la puerta cinco sin haber festejado un gol de su exequipo.

Se fue Mauro Boselli, con un último gesto de agradecimiento y pasión por los colores. Los críticos apuntan a que todo se trató de una puesta en escena, de un acto publicitario para dejar una buena imagen en la hinchada. Pero aunque haya sido así, Boselli hizo algo que nadie más había hecho, se humanizó con las mismas personas que lo idolatraron y lo putearon, y cantó y saltó al lado de ellos, como uno más.

Y con esa simple decisión, la de asistir al estadio a apoyar a su equipo como cualquiera de nosotros, se robó la noche. Y fue la noche del Matador. #DaleLeón

Comentarios

Suscríbete a #DaleLeón

Recibe nuestras últimas noticias, solo debes ingresar tu correo electrónico.