Lo dulce de la gloria y lo amargo del fracaso

Se consumó la victoria esmeralda en el Nou Camp, y como es tradición, los versos de José Alfredo Jiménez inundaron el “Glorioso”. Los fanáticos verdiblancos cantaban al unísono, y celebraban en éxtasis el octavo triunfo consecutivo de su Fiera.

“Comienza siempre llorando”, sonaba, “y así llorando se acaba”. Y en el césped del Nou Camp, desconsolados y entre lágrimas, estaban los futbolistas de los Tiburones Rojos del Veracruz. Comenzaron la temporada llorando, y así, llorando, la acabaron. Nunca los “Caminos de Guanajuato” habían sido tan apropiados.

Y es que mientras de un lado de la cancha se vivía la certeza de ser un plantel histórico, del otro se confirmaba todo el pésimo futbol que ha llevado al Veracruz al Ascenso MX. Al menos testimonialmente, pues es de sobra conocido que su presidente, Fidel Kuri, pagará la multa para mantener al equipo en la primera división.

Tal vez por eso los escualos se vieron tan desangelados, sin convicción para seguir con vida. La agonía había sido demasiada. Once jornadas donde solo las matemáticas les daban un respiro. Pero este tiburón carece de aletas. No nada, se hunde, y se ahoga en el propio mar de su apatía. Hoy por fin está muerto, y tendrá seis partidos más para buscar una victoria que parece imposible.

Y mientras el rival está en el suelo, pisoteado, son los esmeraldas los que llegan a levantarlos. El capitán y máximo referente, Luis Montes, es el primero que llega con Sebastián Jurado, lo levanta del suelo y le da un abrazo de compasión y esperanza. Ahí está la grandeza, en ese gesto, que sus compañeros replican en todo el campo.

Atrás queda el vendaval con el que acaban de condenarlos. No importa en ese momento el hecho de que sean un equipo histórico, con ocho triunfos consecutivos. No sirve de nada que sean los superlíderes del campeonato, y que prácticamente hayan asegurado la liguilla.

Lo primero es levantar al enemigo, y respetarlo en sus horas más bajas.

Y ya después los Verdes se juntan en el centro del campo, y aplauden a la hinchada fiel que ha abarrotado el Glorioso nuevamente. Ahora sí pueden festejar, porque saben lo que han hecho. Son el León más enrachado en sus 74 años de historia, han vencido al pasado, y dejan un record para que las generaciones futuras sepan que estuvieron aquí.

Pero no se confunden tampoco, porque su líder es claro. “No, la historia se hará cuando gane el título. Esas estadísticas a mí no me inquietan nada. Cuando ponga una estrellita, ahí sí te diré que soy parte de la historia de este club, pero falta mucho trabajo”, dice solemne Ignacio Ambriz.

Por lo pronto, viene la pausa por la fecha FIFA, un descanso merecido para un plantel que se ha matado en once semanas consecutivas. Y después estará el cierre, lo más importante y donde se verá de que está hecho este equipo.

Hoy, el pueblo esmeralda vuelve a dormir en la cima del mundo. El equipo de sus vidas es el más grande y el más ganador de la historia. El camino está puesto y en el horizonte aparece cada vez más clara la octava. Y que sufra el Veracruz y que lloren los desafortunados, pero nosotros no, porque siempre hemos sabido que, después del llanto, la vida no vale nada. #DaleLeón

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