El responsable de que esta Fiera vuele

El Club León protagoniza una temporada histórica, nueve triunfos consecutivos lo avalan, y en el Bajío las conversaciones en las oficinas, los bares y los cafés giran en torno a los argumentos por los que el equipo saldrá campeón.

Y no es difícil ver por que. Tras la derrota de los Tigres, el León se ha establecido en solitario como el mejor equipo de la temporada, con la mejor ofensiva y defensiva, con el líder de goleo y asistencias en sus filas, y con un rendimiento grupal que atemoriza a todo el que se le ponga enfrente.

En ese sentido, hay varios nombres que se señalan como los principales responsables de la gran temporada que han firmado hasta el momento los verdes. Nombres como el de Ignacio Ambriz en primer plano, luego los de futbolistas como Luis Montes, Ángel Mena o José Juan Macías, y más allá, tras bambalinas, se señala a Jesús Martínez Murguía y Rodrigo Fernández, las máximas autoridades de la directiva esmeralda, y los tipos que armaron el plantel y el proyecto deportivo del equipo.

Pero lejos de los reflectores y la opinión pública, y con un trabajo igual de importante para el funcionamiento del equipo, aparece Luis Fernando Martínez, el preparador físico que trajo consigo Ignacio Ambriz, y que ha convertido a este León en un aeroplano que vuela en el campo.

“Los veo (a los jugadores) muy responsables de su profesión, y eso no es fácil encontrarlo, cuando el jugador se preocupa por el antes, durante y después de su profesión es muy importante y hay que agarrarnos de ahí”, admite en exclusiva para Dale León, mientras explica cómo ha hecho para que el equipo vuelva a ser uno de los equipos más completos físicamente de toda la Liga MX.

Se trata de un preparador físico diferente. Es joven, con apenas 32 años cumplidos, y con un estilo marcadamente europeo, donde completó parte de su preparación. Sus primeros pasos en el futbol mexicano los dio en el Querétaro, en la Segunda División Premier, al mismo tiempo que en el primer equipo de los Gallos estaba Ignacio Ambriz, por lo que ahí se dio su primer contacto.

“Yo me acercaba mucho a ver sus entrenamientos, porque mi ilusión era trabajar con él. Viendo su idea, porque venía fresco de Europa, yo acababa de llegar de Europa también, entonces como que se encaminaba mucho a lo que yo pensaba”.

Después, Martínez salió de Querétaro para irse a Monterrey, donde se encargó de la categoría sub-17 antes de ser promovido a preparador físico institucional. Finalmente, Ambriz lo contactó para hablarle del proyecto en León y ambos coincidieron en el Bajío.

“Yo tengo muy buena relación con Luis Pérez, Luis Pérez se lleva muy bien con Nacho Ambriz, le habló de mi trabajo, nos entrevistamos, le gustó, aparte de que ya nos conocíamos, y se dio todo”.

A su llegada, Martínez asegura que la situación física del equipo no era la ideal, lo que sumado a la falta de comunicación, complicó su trabajo.

“No puedo juzgar los procesos anteriores, pero simplemente había un déficit de darle a conocer al jugador el porque de las cosas. Entonces el jugador estaba carente de esos conceptos, del porque hoy fuerza y no resistencia, de porque hoy balón y no recuperación”.

En un equipo nuevo, con ideas radicales y con un grupo al que llegaban como extraños, los primeros días no fueron los ideales, y todo se hizo peor debido a que los resultados tampoco llegaban.

“Fue muy complicado. Yo llego un jueves al equipo, el cuerpo técnico llegó el miércoles, yo venía de Monterrey, renuncié, me vine, llegué el jueves, y el sábado ya jugamos contra Lobos, lo perdemos con el aguacero, y vamos a Veracruz y lo ganamos, pero todos en casa los perdíamos, y veníamos con esa inercia negativa en casa, con la gente que estaba ávida de resultados, de que el jugador se muriera en la raya, de sudar la camiseta; yo leía el Twitter y todos contra Nacho, todos contra el cuerpo técnico y yo decía para mí: “pues espérennos, déjennos trabajar, van a ver que por lo menos por trabajo no va a quedar”. Entonces yo sí lo sentí complicado, el cambiarles el chip de que con trabajo podíamos acercarnos más a ganar”.

Pero una vez que la idea comenzó a arraigarse, las cosas comenzaron a mejorar, aunque admite que el trabajar con Ambriz no es nada fácil, debido a que el estilo de juego de Nacho exige sacrificio físico durante los noventa minutos de juego y de parte de todos los jugadores por igual.

“Cuando yo me siento con Ambriz le dije: “El jugador por ende te va a responder, pero yo lo voy a capacitar para que sea intenso durante los noventa minutos o más, y para que siempre esté a un nivel parejo”. Ustedes pueden ver un partido, y el jugador siempre tiene la misma hambre, se siente fuerte, se siente resistente, y está entrenado para hacer esos esfuerzos, que son cortos pero muy intensos, y se ve diferente a equipos que nos hemos enfrentado, y el caso de jugadores que ya están tocados por Dios como Iván Rodríguez, o los centrales, te puedo nombrar uno por uno, pero todos han hecho un trabajo impresionante en el día a día, para que en el partido tengan la hambre de ganar y ganar y ganar y ganar”.

En la cancha, el Club León se ve diferente de los demás. Su despliegue físico es impresionante, y tras 12 jornadas ningún jugador se ve decaído. Para eso la pretemporada fue fundamental, y desde ahí todos sabían que tenían que dar algo más si esperaban trascender.

“Una de las cosas que yo les mencioné al cuerpo técnico y a los jugadores en la pretemporada fue que con lo que estábamos haciendo no nos alcanzaba, físicamente, técnicamente, tácticamente, mentalmente, no nos estaba alcanzando para ganar un partido, imaginate ahora para ganar nueve partidos. Entonces sí fue muy complicado, pero también es más fácil cuando el grupo está convencido y sí quiere hacerlo y no protesta, y quiere hacerlo. La actitud es primordial para que todos brillemos”.

Además, el preparador físico destaca que, entre las salidas y llegadas de jugadores, en realidad solo la mitad del plantel actual hizo la pretemporada completa, y que no obstante han sabido manejarse para que no se note este desequilibrio.

“Fue complicado, porque nos llevamos al grupo que siete u ocho de ellos ya no iban a estar con nosotros, hablando de gente importante y jóvenes que terminaron yendose del equipo. Fue complicado porque terminas dando el trabajo a la mitad del grupo. Se fue incorporando Rubens Sambueza, Ángel Mena, Joel Campbell, Vinicio Angulo, a la marcha llegó Dilan Zuñiga, Ramiro González llega después; entonces si hacemos un análisis de cuantos jugadores cumplieron esa pretemporada es la mitad del grupo, y ellos llegaban de competir, que fue Sambueza, Angulo, Mena que venía de la final, entonces eso cuenta mucho, a favor o en contra, porque ahorita los estaríamos criticando si no estuviéramos bien”.

Hoy, los verdes demuestran que el resultado de ese trabajo es la plenitud física, y uno de los casos más sonados es el de Luis Montes, el capitán y líder moral del equipo, que bajó un total de nueve kilos de peso y que, desde la media de contención, ha duplicado su sacrificio y su despliegue en la cancha.

“Es virtud total y únicamente de él. Él quiso ponerse a dieta, comentaba con él que quería volver a jugar, que quería volver a tener las ganas de ganar, y cuando te dan una responsabilidad tan grande que es ser el capitán del grupo, el líder, ¿pues qué más motivación puedes llegar a tener? Tanto el caso de él como el de muchos otros más, fue el convencimiento personal. Te acercas con él y platicas con él y está convencido de que quiere ganarles a todos y quiere ir a la selección, entonces más convencido no puede estar. Ahí si me lavo las manos, porque a final de cuentas es fundamental que ellos se convenzan para querer salir adelante una vez más, para volver a brillar, para un nuevo contrato, para que los volteen a ver en selección, para lo que sea”.

“Todo es preocupación de ellos, evidentemente también hay que tener las herramientas necesarias para orientarlos, pero cuando un jugador o una persona en cualquier ámbito se convence, no hay límites, el límite nos lo ponemos cada uno de nosotros, y ellos no se quieren poner límites, y están abiertos a querer aprender, a sobresalir una vez más. Cada uno se fue convenciendo y hasta el grupo está convencido”.

Desgraciadamente, y a pesar de todo el buen trabajo que se ha realizado con el grupo, Martínez no se puede desligar tampoco de las lesiones, que nuevamente han plagado a buena parte del equipo, aunque la mayoría de ellas han sido circunstanciales, fruto de golpes y situaciones normales dentro de la cancha, y solo unas cuantas han sido producto de cansancio muscular.

“El responsable del rendimiento, de que el jugador se sienta bien, soy yo, y ahí sí puedo decir que la responsabilidad es completamente mía. (...) La única que yo recuerdo muscular es la de Equihua, que veníamos de Pumas el domingo, entrenamos el lunes, y por ende de apresurar los procesos de recuperación y jugar contra Bravos de Ciudad Juárez, presenta una molestia muscular. Pero la responsabilidad es mía porque no estamos con el plantel completo, y desafortunadamente es el riesgo que se tiene con un plantel de primera división que aspira al título, que aspira a la liguilla”

El preparador físico destaca que con el cambio en el plan de trabajo, con mayor exigencia para el jugador durante los noventa minutos de un partido, es natural que haya algunas lesiones como consecuencia.

“Todos lo hemos visto, el cambio de chip del jugador, que es más intenso, que es más fuerte, que sus ejecuciones dentro del campo son más rápidas, es el riesgo que se toma cuando cambias el modelo de entrenamiento. No sé ni me importa como entrenaban antes, pero sí me importa el explicar porque se corren más riesgos cuando el jugador es más rápido, cuando los entrenamientos son muy intensos, pues siempre estás expuesto a que te puedas lesionar”.

Al final, cree que los problemas de lesiones van de la mano con el deporte profesional, y aunque se hace todo lo posible por evitarlas, al final todos están expuestos a recibir un golpe.

“Es inevitable, porque en cualquier partido de primera división con esas intensidades, con esos cuerpos, con esas fuerzas que manejan, en algún momento te vas a lesionar, en algún momento te van a dar un golpe que te va a dejar fuera de la actividad. Yo creo que es inevitable en cualquier parte del mundo”.

Ahora, se viene el último tramo de la temporada, el más importante, cuando se jugarán ahora sí el octavo campeonato para la institución, y cuando todo el trabajo físico del plantel deberá dar resultados.

“Estamos muy ilusionados, y creo que el equipo se va convenciendo cada vez más en lo físico, técnico, táctico y mental, y los veo muy identificados con lo que Nacho Ambriz predica. Afortunadamente todos brillan, y el que no tengamos copa pues también ayuda, porque nos concentramos en una sola cosa para dar nuestro mejor rendimiento fin de semana con fin de semana. Ojalá y lleguemos hasta la final de liga y podamos darle una alegría a la gente”. #DaleLeón

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