El mágico 'Chepe' Chávez

Por Jorge Ramos Pérez | Foto: Especial

Corre el año de 1971. El Club León apunta a un futuro prometedor de la mano de cuatro refuerzos argentinos que llegarán a revolucionar el equipo, y desde la banca, Antonio “Tota” Carbajal se vuelve el líder espiritual de los guanajuatenses.

También en ese año, debuta con los Esmeraldas un hombre descarado y talentoso, que no tiene miedo de jugar a las patadas con estrellas internacionales de la talla de Carlos Reinoso, Ítalo Estupiñán u Osvaldo Castro. Se llama Rafael 'Chepe' Chávez, es originario de la San Nicolás, y surgirá como el ídolo máximo para el balompié del Bajío.

“Estamos hablando probablemente, seguramente, del mejor futbolista nacido en León, Guanajuato. A tal magnitud es el 'Chepe'. Hablar de sus números es otra cosa, esto es hablar de las formas, del romance, de un jugador a lo Garrincha, a lo Maradona, donde los números son lo de menos, esto es arte, futbol arte”, dice sin remilgos el historiador Carlos Márquez al evocar sus jugadas inmortales.

Primera etapa en León

Pero antes de romper la liga con sus pinceladas, antes de forjar su leyenda con las melenas del Club León y los Leones Negros, tuvo que pasar por el inevitable filtro del “Peterete” Santillán, que lo sacó del barrio para hacerlo una estrella.

Comenzó a destacar en las fuerzas básicas del León a finales de los sesentas, pero tendría que salir al Tampico Madero por una temporada para terminar de establecerse como una realidad. Finalmente, la llegada de José Gomes Nogueira a la dirección técnica de la Fiera y el debut de su amigo Manuel Guillén, se sumarían para que explotara la figura del 'Chepe' Chávez.

“Mi compadre era un jugador muy pensante”, recuerda con cariño Manuel Guillén, quien crecería junto al 'Chepe' en su carrera futbolística y como persona.

“Cuando jugaba de extremo derecho pues no brillaba mucho, pero cuando llegó Gomes Nogueira y lo hizo medio, pues ese era su puesto. Era muy pensante, te ponía el medio gol, la asistencia, ya nomás te la dejaba para que la metieras. Tenía unos recortes muy bonitos por los extremos. Jugaba mucho para el equipo, y cuando le tocaba a él resolver tenía capacidad, de chilena, paloma, de izquierda, derecha”.

Ambos amigos comenzaron a conectarse en el campo, y las tardes de futbol en el Nou Camp se volvieron un deleite para los aficionados esmeraldas, que a pesar de que no pudieron levantar el título de liga, sí disfrutaron de la magia que se derramaba cada quince días en el Glorioso.

“De repente cuando no la agarraba, yo le decía: “Compadre, nos están dominando, agárrela”, “Ahorita arreglamos esto, compadre”, y empezábamos, empezaba el show, y cuando nos conectábamos los dos, pues ya te imaginarás”.

Con ellos como líderes, y escudados por Rafael Albrecht, Juan José Valiente, Jorge Davino y Roberto Salomone, el León fue subcampéon un par de ocasiones, ante Toluca y el Cruz Azul, en las temporadas 1972-73 y 1974-75, lo que le ayudó al Chepe a desarrollar el mejor futbol de su carrera, y a ganar el Citlali al mejor jugador de México en 1976.

“Enganche izquierdo. Hacía goles pero no era su función, su función era maradoniana, más asistencias, más quiebres de cintura, a la argentinita, las cosas espectaculares las hacía por partido, pero eran pocas porque se cansaba, era ebrio, era fumador”, dice Carlos Márquez, que resume así las características del Chepe que lo llevarían a los Leones Negros de la UDG.

A la UDG

'Chepe' Chávez y Manuel Guillen. Foto: Especial

"Y a pesar de que Chepe no era muy disciplinado, fue parte del tridente que se llevó Gomes Nogueira a los Leones Negros, y Gomes Nogueira era la disciplina táctica, profesionalizar el futbol, trabajar ocho horas diarias en entrenamiento físico y mental, él trajo eso, y a pesar de esas exigencias, cuando se fue a la UDG, pidió un tipo como Chepe Chávez, a pesar de la indisciplina del Chepe y que no le gustaba entrenar, y que a la hora de los partidos se lo llevaban hasta borracho, él lo quería, él sabía de la calidad, una jugada de Chepe solucionaba un partido, un torneo”, cuenta el historiador.

Inclusive su viuda, Olimpia Morales, que vive todavía en la ciudad y que se mantiene en contacto con los jugadores de la época, recuerda con cariño su vida en Guadalajara.

“Fue un cambio importante. Nos llevó el 'Gallo' Jauregui, también a mi compadre Guillen, porque si no iba la mancuerna de los dos, o los dos o ninguno. Allá nos fuimos a la mejor zona residencial de Guadalajara, compramos la casa, la amueblamos. Fueron muy buenos tiempos, los disfrutamos. Estuvimos económicamente muy bien”.

En Jalisco, tanto el Chepe Chávez como Manuel Guillén se establecieron rápidamente como las figuras de unos Leones Negros imparables, que formaron un equipo de estrellas, y donde los leoneses destacaban al punto de que su estilo era reconocido por otros jugadores extranjeros.

“En Guadalajara había mucho brasileño, estaban los del Jalisco, Tecos, Atlas y UDG, y ellos se juntaban cada quince días, hacían una reunión, la batucada, entonces iba Sergio Lima del Jalisco, Bidón del Atlas, Roberto Da Silva, eran como unos ocho o diez, y nada más nos invitaban al Chepe y a mí. Entonces yo una vez le pregunto a Sergio Lima: “Oye, ¿y por qué nomás nos invitan al Chepe y a mí?” “Ustedes son de nosotros, nacieron acá en México pero traen el futbol de allá”. Y desde entonces me di cuenta que traíamos la magia de los brasileños”.

Así pasaron siete años en Guadalajara, siempre en las esferas más altas del futbol nacional y como parte de la selección nacional, hasta que una lesión frustró el que hubiera sido su movimiento más importante, como lo narra Guillén.

“Lo iban a vender a Chivas, y ya estaba entrenando, y como diario nos juntábamos, nos dimos un abrazo, y le dije: “Compadre, ahí te vas a volver a hacer un ídolo grande”. Esa semana empezó a entrenar con Chivas, y la prensa empezó: “Chepe a Chivas”.

"Y el jueves que hicieron interescuadras, nos traía Fekete en la UDG, y me dice un amigo mío: “¿Ya viste que lastimaron al Chepe?”, “¿Cómo? ¿Si ya iba a firmar esta semana?” Se lastimó el tendón de Aquiles, y ahí su carrera se vino a menos”.
La señora Olimpia recuerda que desde el Guadalajara, al no haber todavía contrato firmado, se lavaron las manos, y fue la UDG la que cargó con los gastos.

“Chepe ya había tenido dos operaciones del dedo gordo del pie izquierdo, la de los meniscos y acabó por la del tendón de Aquiles, y no se hizo responsable Guadalajara, Chivas, de sus lesiones, la UDG se atoró los gastos, la operación y lo que implicó este accidente”.

El declive

Después de la lesión, comenzaron los problemas, y aunque todavía daba chispazos de calidad, simplemente ya no fue el mismo.

Volvería al León en una última etapa gris para finalmente retirarse en la Unión de Curtidores a mediados de los ochentas.

“En Curtidores era uno más, estaba en el ocaso de su carrera, las lesiones sí lo mermaron, la medicina del deporte no estaba tan avanzada. Su máximo fue León, cuando pasa a UDG, su etapa de UDG, viene la lesión y viene el péndulo hacia abajo en la carrera del Chepe”, explica Carlos Márquez.

Así acabó el paso del Chepe Chávez por las canchas, y aunque hubo algunos planes después del futbol, faltaron apoyos para realizar un par de proyectos interesantes.

“Pasan varias cosas, está aquí él, piensa ser entrenador, va a Guadalajara a la escuela de entrenadores, pero truncan su carrera porque no hay dinero para pagar ese curso”, revela su viuda.

O pudo poner una escuela de futbol, como le dijo a Guillén. “Él y yo platicábamos mucho: “Compadre, ¿qué vamos a hacer cuando estemos viejos?”, “Mire compadre, compramos una cancha de futbol y le enseñamos a los niños de los barrios”. Tenía pensamientos bonitos, porque eso nos pasó a nosotros”.

Finalmente no se pudieron concretar estos proyectos, y a mitad de la década de los noventas, cae enfermo por su adicción al alcohol.

“El 7 de febrero del 95 cae en su enfermedad y le diagnostican cirrosis hepática. Así estuvo un año y diez meses, entrando y saliendo del seguro. El 4 de diciembre del 96 salió del seguro un martes, y el viernes se sintió mal. El día siete, el sábado siete, ya no aguantó más, y dio su último suspiro a las 10:30 de la mañana”, narra la señora Olimpia.

Para Guillén, también se trató de un shock importante.

“Cuando él falleció, iban a jugar Necaxa y Chivas y él quería ir a Guadalajara. Y ya no fuimos, él me dijo el jueves, y falleció el sábado. Yo llegué el sábado en la noche, y encontré un mensaje: “Falleció tu compadre, lo estamos velando”. Me dio como un ataque, me bañé y no podía gritar, te da tristeza”.

Después hubo un partido en homenaje póstumo organizado por el Club León y por Jorge Davino, en el que las ganancias se le entregaron a su familia. Hoy, y a pesar de que varios rumores colocaban sus cenizas en el campo de la Martinica, su familia aclara que se encuentran en el Templo del Sagrado Corazón de Jesús en la colonia Miguel Hidalgo.

Su legado

Hoy por hoy, el legado del Chepe Chávez en la ciudad es intangible. Hay pocos videos disponibles de sus jugadas, y las pruebas documentales son escasas. Sin embargo, su leyenda sobrevive en la memoria colectiva de la gente que lo vio jugar en los setentas magníficos, cuando dominaba la liga.

“Es la magia, es lo que no está, lo que nos quedamos de él. No hay videos, y aun así te cuentan, tratar de imaginar cómo era Chepe en la cancha y pensar que te quedas corto. Era un artista, un Maradona leonés, no un Maradona mexicano, un Maradona leonés, era nuestro”, suelta con emoción Carlos Márquez.

“Disfrutó la vida. Si uno supiera como viene el balón dando vueltas, pues le piensas. Pero estar en la misma juventud te hace ser así. Uno haría lo mismo pero con menos errores. Pero la vida no es así, la vida la vas viviendo y a veces no te puedes detener y a veces sí”, reflexiona don Manuel Guillén.

“Fue buen padre y buen esposo. Ya que el vicio le ganara pues es otra cosa, pero como ser humano sí era estimado por muchos, por mi familia. Si volviera a nacer yo sí me volvía a casar con él, me casé enamorada”, apunta la señora Olimpia.

Fue talentoso, fue brasileño, fue leonés, fue bohemio, fue padre, fue esposo, pero más que nada, el Chepe Chávez será por siempre una leyenda, ídolo de ídolos y mago en una época dorada donde la sangre pesaba mucho más que la soberbia.

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