Cuatro juegos para la octava: Con todo en contra

El partido no comenzó en el estadio Corregidora de Querétaro este jueves a las 8:30 de la noche, sino que empezó mucho antes, desde el martes, cuando el Club León tuvo que cancelar su viaje a la Ciudad de México porque se aplazó el encuentro.

Desde ese momento, el duelo ya estaba turbio, pero con el tiempo las cosas no harían más que empeorar para los esmeraldas. Tuvieron que viajar a Toluca, donde se quedaron varados mientras la liga decidía donde se jugaría el partido. Al final se eligió Querétaro, y un cansado y frustrado León puso rumbo a tierras queretanas.

Pero no eran excusas. Los verdes pondrían el futbol donde fuera y como fuera. El superlíder de la competencia demostraría que con futbol y calidad sería suficiente para destronar al América, el “animal de liguillas” que llegaba claramente disminuido.

Pero unos minutos antes de que iniciara el juego llegó otra pésima noticia: Iván Rodríguez, el motor de juego, el escudo del medio campo y el equilibrio de todo el sistema esmeralda, era baja por lesión. Rubens Sambueza entraba al quite, pero ahí sí llegó la preocupación.

Porque no por nada Iván era el único jugador de campo que había jugado todos los minutos posibles. Se notó su ausencia, y por primera vez en el torneo, el equipo sufrió. Luis Montes, tal vez el tipo más talentoso de todos los que estaban en el campo, se sacrificó para convertirse en un todo, en el yin y el yang, en el destructor y el constructor del juego. Pero le costó, y América aprovechó para acosar a los verdes y disminuirlos como nadie antes los había disminuido.

Y justo en ese momento, cuando la Fiera vivía sus horas más bajas y cuando soportaba apenas los embates americanistas, apareció el talento. Una jugada, 26 toques de balón, una pincelada del capitán más grande de todos, una asistencia de Rubens y un gol del niño más hombre de todo el mundo, José Juan Macías.

Eso bastó. Porque atrás aparecieron dos bastiones inexpugnables. Primero Andrés Mosquera, el central colombiano que se erige como el hombre más imponente de la defensa, y en su retaguardia, como la última esperanza verdiblanca, se levantó Rodolfo Cota en una de las noches más grandes de su vida.

Así, con la estirpe de los campeones que ganan hasta jugando mal, el Club León se impuso al América en la ida de las semifinales. Se plantó con honor y gallardía frente a un escenario que se le presentaba completamente en contra, aguantó los ataques de su enemigo y respondió con una sola estocada potente y mortal.

Y ahora sí, déjenlos venir, que se metan al infierno verdiblanco y que sientan el peso asfixiante de una hinchada hambrienta de gloria. Porque este León debe estar en la final, y aquí, en su casa, con su pueblo apasionado y ensordecedor, tendrá la oportunidad de demostrar que es igual de grande que cualquiera. #DaleLeón

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