Burtovoy y el cariño por la Fiera

Por Jorge Ramos Pérez | Fotos: Especiales

“Siempre me movilizaron los sueños”, suelta poderosamente José Pablo Burtovoy. “A cada lugar donde he ido, independientemente de que me haya ido bien o no, siempre fui con un sueño”.

Esos mismos sueños llevaron al exarquero argentino a probarse las camisetas de 18 equipos en 20 años de carrera, en los que jugó en siete países diferentes, representó a Argentina en competencias internacionales con límite de edad y disputó campeonatos, ascensos y descensos; un camino que lo llevaría a coincidir con el León en uno de los momentos más difíciles de su historia.

Los inicios

Pero antes del Bajío, José Pablo ya conocía de sobra tanto las guirnaldas del éxito como los pantanos del fracaso, y ya había definido que podría llegar a tener más o menos protagonismo, pero nunca pasaría desapercibido.

Nacido en la ciudad de Santa Fe el 6 de noviembre de 1976, da sus primeros pasos en el club de su barrio, el San Ignacio de Loyola, para terminar su formación profesional en Ferro Carril Oeste. En 1993 le llega el llamado para disputar el Campeonato Mundial Sub 17 en Japón, y pararía en un encuentro ante Nigeria.

Llega al Colón de Santa Fe en 1994, pero se hace un lugar en el equipo hasta 1998, cuando tiene una actuación destacada en los octavos de final de la Copa Libertadores ante Olimpia de Paraguay.

Luego de seis años en Colón, Burtovoy hace las maletas y sale por primera vez de su país con destino a México, a los Tiburones Rojos de Veracruz.

“Fui con una expectativa linda a Veracruz, me trataron muy bien. Tristemente, en el último juego tuve una lesión muy seria en mi rodilla, donde prácticamente se lastimó toda mi rodilla, y tuve que regresar a Argentina a recuperarme y reinsertarme en la competición”

La revancha

En Argentina pasa sin muchos minutos por Belgrano de Córdoba, Arsenal de Sarandí y Chacarita Juniors, aunque para el 2004 toma una decisión muy difícil y decide volver a México a una franquicia más que modesta, los Pioneros de Ciudad Obregón.

“Pude regresar a México en silencio, a una franquicia pequeña en donde no había habido futbol profesional nunca, La verdad que lo tomé con muchísimo valor, con la posibilidad de reinsertarme en el mercado mexicano, donde yo tenía una expectativa de poder competir con fuerza”.

En 2005, la portería del León era convulsiva, con los jóvenes Cesar Ríos y Alfredo Frausto a cargo de defender el arco esmeralda. Luego de caer en la final del Clausura ante Querétaro, Grupo Pegaso decide traer a Burtovoy, por lo que el arquero llegó como uno de los refuerzos más importantes del Apertura 2005.

“Cuando fui a jugar a León con Pioneros, yo cuando salí al campo me planteé: la temporada siguiente tengo que jugar acá, porque había un clima de futbol maravilloso. Es un lugar donde tenía todos los condimentos para los futbolistas que viven con mucha pasión esta profesión, que lo ven como un lugar ideal”.

“Yo visualizaba: “si este partido con Pioneros de Ciudad Obregón, el estadio está como está y se vive esta fiesta maravillosa, lo que debe ser esto jugando en primera división nacional o en torneos internacionales, debe de ser una locura”. Creo que todo tiene que ver con todo y por algo tuve que ir a ese pequeño lugar a jugar y que ese pequeño lugar me lleve a ese gran lugar a jugar”.

En ese momento, Santos tenía que cubrir la salida del portero leonés Adrián Martínez a San Luis, aunque de último momento se decidió por Mauricio Caranta, otro arquero argentino, lo que causó un efecto dominó que terminó con la llegada de Burtovoy al Bajío.

“Después de la primera temporada en Ciudad Obregón estaba por pasar a Santos Laguna y de último instante se frustró el traspaso y en ese momento me dijeron de la posibilidad de ir a León y realmente fui feliz. Lo tomé con mucha alegría y procuré hacerlo dejando el corazón en cada minuto que me tocaba representar a la institución y la ciudad”.

Un año con la Fiera

Burtovoy estuvo un año con la Fiera, el Apertura 2005 con Agustín Santillán como técnico, y el Clausura 2006, con José Guadalupe Cruz en el banquillo. En ese cuadro estaban jugadores que también dejaron una buena impresión en el Bajío, como Jorge “Negro” Almirón, Juan Carlos “Romita” Rojas, Roberto Nurse o Bardo Fierros, aunque Cruz Azul Oaxaca los sacó de la liguilla en ambos torneos.

Pero más allá de lo deportivo, esos doce meses le alcanzaron a Burtovoy para enamorarse de la ciudad esmeralda.

“Es muy difícil en el mundo, más allá de que el futbol es el deporte más popular, encontrar muchos lugares donde se viva el futbol de la manera que se vive allí (León). Para aquel que sueña futbol, llegar a esos lugares es una fiesta permanente”.

“Cada minuto era para saborearlo como único e irrepetible, y honestamente fui con el sueño, más allá de actuaciones individuales destacadas, fui con el sueño de poder ser campeón. No pude ser campeón, pero siempre estuve pendiente del equipo y me dio mucha alegría todo el proceso posterior que se vivió”.

Retorno y retiro

Terminó el Clausura 2006 y José Pablo continuó con su peregrinaje por el futbol mundial. Pasos por Colombia, Bolivia, Chile, Venezuela y Perú lo mantuvieron siempre en la búsqueda de sus sueños, y le permitieron volver a disputar la Copa Libertadores y conquistar su único título de primera división en el Real Potosí de Bolivia.

Para el 2010, regresó a la Argentina pero a sus divisiones inferiores, y terminaría su carrera siendo figura en dos ascensos diferentes, el de Brown de Adrogue en 2013 y el de Central Córdoba de Santiago del Estero en el 2014, club al que devolvió a la segunda división argentina tras 22 años de ausencia.

“Cuando yo sentí que mi carrera estaba por terminar, visualizaba que tenía que tener un final feliz. Decía: No puede ser que después de tantos años de ponerle el corazón a esto, quede alguna raíz de tristeza en mi corazón”.

"Y después del último torneo con un equipo muy popular, deseoso de tener un éxito pero muy humilde a la vez, me esforcé muchísimo, me involucré con el lugar a pleno y ese equipo pudo tener éxito, y encontró lo que estaban buscando por tantos años, y sentí que ese era el momento de poder terminar la carrera y pasar a otra etapa”.

Después del retiro, Burtovoy fue manager de la Selección Boliviana de Futbol, continúa con su preparación, y ahora, a sus 39 años, desarrolla proyectos de gestión y logística en el futbol en Argentina.

La melancolía por la Fiera

Un hombre como José Pablo Burtovoy, que se mueve más por la pasión de su corazón que por los músculos de sus huesos, admite que le sale una sonrisa cada que recuerda su paso por el Club León, y describe el sentimiento que lo une a la ciudad más grande de Guanajuato.

“Yo vi los sueños de la gente. Sentí los sueños de la gente, la necesidad que tenía la gente de que la representen con valentía. Que los lleven al lugar donde ellos quieren estar. Es ese sentimiento, eso que se transmite en cada rincón de la ciudad, para mí y para nosotros que somos de un rincón del mundo que es 100% futbolero, es algo maravilloso”.

No hay palabras que alcancen para describir a José Pablo Burtovoy, por lo que será la memoria de los aficionados esmeraldas la que lo juzgue en última instancia. A ellos, los que lo recuerdan debajo de tres palos en el Nou Camp, les dedica un simple mensaje que termina por definir su personalidad: “Los quiero mucho y cada vez que entré al campo dejé el corazón”.

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