Los domingos de la Fiera están de vuelta

Por Jorge Ramos | Foto: Especial

Justo en medio de eventos tan importantes como el mundial de Rusia 2018 y las elecciones, el Club León anunció su calendario para la próxima temporada, donde confirmaban que jugarán algunos partidos en día domingo.

Este hecho, que podría parecer intrascendente para el público más casual, representa un golpe directo a la nostalgia para los aficionados más longevos, que acompañaron a la Fiera en las tardes dominicales de los noventas y los dosmiles, y que ahora podrán revivir esa experiencia al menos por tres partidos.

Y es que los juegos dominicales no son cualquier cosa para el Club León. Los Verdes jugaron en domingo a las 12:00 de la tarde desde su regreso a la primera división en 1990, y para la siguiente temporada, la 1991-92, cuando el equipo de Tita y Victor Manuel Vucetich levantó el quinto título de liga, también lo hicieron jugando como locales en ese día.

La tradición de jugar en domingo se mantuvo casi durante toda la década de los noventas, aunque por algunas temporadas se alternaron los juegos en el Nou Camp entre sábados y domingos. Sin embargo, destaca que en el Invierno 1997, cuando el equipo alcanzó la final ante el Cruz Azul, el León jugó todos sus partidos como local también en domingo.

Con la llegada del nuevo milenio, llegaron también los problemas de descenso, y los Verdes se jugaron la permanencia cada domingo. Finalmente, al término del Verano 2002, el equipo caía a la Primera División “A” y por seis meses cambió su día de juego al sábado.

Pero el movimiento no duró, y prácticamente desde el Verano 2003 hasta el Clausura 2009 el equipo volvió a jugar en casa los domingos a las 12:00. Después, a partir del Apertura 2009 se cambiaron los juegos al sábado, día que se mantuvo hasta ahora como el de la localía, a excepción del Apertura 2012, el torneo del regreso a primera división donde se jugó en viernes por la noche.

Así que el domingo a las 12:00 de la tarde fue por casi dos décadas el horario oficial de juego de los Esmeraldas, y es por eso que evoca tantos recuerdos.

Porque los más afortunados alcanzaron a ver los goles de Tita a través de los lentes negros y las gorras para defenderse del despiadado sol de mediodía. Porque acompañaron al equipo de Carlos Reynoso en su viaje hasta la final del 97 en un ritual que se volvió más importante que ir a misa semana a semana. Porque lloraron el descenso y aguantaron firmes las asoleadas frente a las franquicias fugaces e intrascendentes de la Liga de Ascenso.

Y ahora volveremos todos a llenar el Nou Camp por tres domingos, un poco más tarde, ya sin el agravio del sol, pero con la misma pasión y melancolía de revivir el futbol que nos hizo enamorarnos del esmeralda.

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