Los Davides han vuelto

Europa nos tiene acostumbrados a la monotonía. En países como España, Holanda o Portugal, las ligas nacionales siempre, o casi siempre, las ganan los mismos dos equipos. En Italia, Francia o Alemania, la situación es peor, pues solo hay un protagonista, y el resto lucha por las migajas que caen de vez en cuando de los labios del poderoso. Hasta en Inglaterra, el último reducto de competitividad, la liga se pelea entre los mismos cuatro, el “Big Four”.

La homogeneidad cansa, aburre. Y la Champions League tampoco es la excepción. A pesar de que el futbol a su máximo nivel siempre es entretenido, la máxima competición de clubes en el mundo también había perdido ese carisma, esos caballos negros que, contra todo pronóstico y contra presupuestos inconmensurables, lograban derrotar a los favoritos para soñar con la gloria.

El año pasado la Roma ya nos había recordado ese sentimiento, luego de alcanzar unas semifinales improbables que le arrancaron a base de sangre y honor al Barcelona. Pero todo quedó ahí, en la antesala de la gran final, luego de que un Liverpool indomable los eliminara.

Pero esta vez el Ajax y el Tottenham han vuelto a despertarnos ese sentimiento. En esta ocasión, fueron dos los conjuntos improbables, los que se salieron de su papel de secundarios para exigir protagonismo.

El más voluntarioso es el Ajax de Amsterdam, los “Hijos de los Dioses”, que ya han derribado a un par de gigantes para llegar hasta aquí. Muy lejos de los millones de las grandes ligas europeas, han tenido que escarbar cuidadosamente en el mercado hasta encontrar a los pilares perfectos para confeccionar su castillo de futbol total, y con un par de monstruos de casa como Frenkie de Jong y Matthijs de Ligt, la combinación ha resultado perfecta.

Pero el Tottenham también se ha ganado su lugar, y también ha tenido que sobreponerse a inconvenientes. Es cierto que los ingleses tienen un presupuesto mucho más elevado que los holandeses, pero tampoco son un gigante. Difícilmente han podido retener a sus figuras, y justo ahora han sido víctimas de lesiones que merman su ya de por si corto plantel.

Estos dos equipos son los cabecillas de la revolución de los modestos. Tomaron la bandera que llevó el Leicester a lo más alto hace un par de años, y la han vuelto a ondear con orgullo por los campos de toda Europa. El Ajax, fiel a su historia y a su Cruyff, sacó ventaja de 0 – 1 del norte de Londres, pero la eliminatoria está lejos de estar definida. Lo único seguro es que uno de ellos llegará a la final, y podrá clavar la bandera en el pico más alto del futbol mundial.

Pero no son solo ellos. En España, el Getafe está a tres jornadas de conseguir un puesto de Champions, y en Francia el LOSC Lille ha logrado escoltar al PSG en la tiránica Ligue 1, por encima del Mónaco, el Lyon o el Marsella.

Y en México, a miles de kilómetros de distancia, el Club León también hace su propia lucha.

Es cierto, los verdes no están entre los equipos más modestos del país, pero tampoco están entre los más valiosos. Según la página especializada Transfermarkt, el León es el onceavo equipo más caro de México, no solo por debajo de los evidentes, como Monterrey, Tigres o América, sino detrás de Santos, Toluca o Querétaro.

Es por eso que su dominio ha sido tan sorprendente. A principios de la temporada, pocos se hubieran atrevido a apostar por el equipo de Ignacio Ambriz, que no solo venía de un pésimo año, sino que también perdieron a su goleador y los fichajes no fueron las bombas que se esperaban.

A pesar de esto, Ambriz apeló al conjunto, y puso su fe en un estilo de juego definido y efectivo, y perfectamente adecuado para el plantel que armó.

Así, en la Liga MX, una de las más volátiles e irregulares del mundo, pudo encontrar la consistencia, y ganó doce partidos de manera consecutiva.

Ahora, la Fiera se encamina a la liguilla con una derrota que cayó tal vez en el peor momento. Su imbatibilidad ha terminado, y ahora deberán sobreponerse al dilema mental que esto conlleva, el de saber que también pueden fallar, y que no pueden aflojar un solo segundo.

El futbol, como en cada verano, se acerca a su final, pero ha dejado el gris monótono de los últimos años, y ahora es un caleidoscopio de colores vibrantes que lleva la esperanza a donde se había ausentado desde hacía demasiado tiempo.

Porque hoy nada está escrito, los Davides han vuelto a derribar a los Goliats, y nos han demostrado que no importa lo grande que seas o lo fuerte que aparentes, porque todos, absolutamente todos, pueden llegar a caer. #DaleLeón

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