La vida sigue, Matador

Se acabó. Arrancó un nuevo año, un nuevo torneo, pero tú ya no sigues aquí. El equipo saltó al césped del glorioso Nou Camp, pero tú ya no lideraste al grupo a la salida del túnel. Y la afición volvió a estallar y a festejar los goles esmeraldas, pero tu ya no estabas para gritarlos con ellos.

Comienza un nuevo año, y una nueva era comienza también. La era posterior a Mauro Boselli, el segundo máximo goleador de la historia del Club León, y uno de los futbolistas más importantes que ha llegado al futbol mexicano en los últimos tiempos.

Goleador e hinchada vivimos una aventura excitante. Nos entregamos siempre sin pensar en las consecuencias, y probamos la gloria y los pantanos, siempre de la mano. Y como en toda relación seria, tuvimos nuestras diferencias, nos gritamos y nos herimos mutuamente. Pero al final sabíamos que bastaba un césped y un gol inesperado para reconciliarnos, y para recordar que siempre fuimos el uno para el otro.

Pero ahora ya no lo somos más. El amor acaba, como dicen los románticos, y el nuestro ya venía en decadencia. Los últimos seis meses, o hasta el último año, no fue alegre, sino todo lo contrario. El equipo ya no daba resultados y muchos apuntamos nuestros dedos acusadores al capitán, al líder del vestuario, al goleador histórico. Hubo reclamos infundados, señalamientos innecesarios y declaraciones equivocadas de ambas partes. Y al final, la despedida que pensamos que estaba todavía muy lejos, finalmente llegó.

Hoy, luego de noventa minutos en el Nou Camp sin tu silueta en el centro del área, nos hemos dado cuenta de que ya no estás, y no estarás más.

Hoy comenzamos a extrañarte, en mayor o menor medida. Extrañamos tu figura dentro del área, tus apariciones puntuales. Recordaremos las definiciones increíbles y los goles por racimos. Fuiste el líder y el referente de una generación, y seguramente, con el tiempo, tu legado crecerá bajo el velo magnificador de la nostalgia.

Pero ya no estás más y la vida sigue. Tu porvenir ya no está pintado en esmeralda, y tus goles ya no serán cantados por el pueblo verdiblanco. Ahora sirves a otro pueblo, el del Timao, el de la torcida más importante y politizada del Brasil, la legendaria Gavioes da Fiel, y tus goles los celebrará Sócrates desde el cielo contaminado de Sao Paulo.

Aquí, el empate ante Tigres no solo nos dejó la certeza de tu partida, sino también un ápice de esperanza. Nos hizo darnos cuenta de que hay vida después del “Matador”, y que se quedan hombres orgullosos y fervientes que aceptan el reto de tomar protagonismo y liderar al grupo en las batallas por venir. Luis Montes es el primero, y en las sombras espera Ignacio González, ansioso de resurgir por enésima vez como el líder moral de toda la nación esmeralda.

Así que partimos, decimos adiós una sola vez y sin mirar atrás. Sabemos que nos deparan caminos diferentes, que nadie es indispensable, y que no podemos vivir de los recuerdos.

Pero sí prometemos, de vez en cuando, dar un vistazo al pasado, a los buenos tiempos cuando todo fue felicidad. Prometemos ahogarnos en los videos del bicampeonato y presumirles a todos de la gloria que tocamos juntos, y como por un instante nos olvidamos del mundo, y supimos que éramos los más grandes.

Porque la vida sigue, Matador, pero será un poco menos vida sin ti. #DaleLeón

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