La paradoja Iván Rodríguez

Gerardo Martino reveló su prelista de convocados a la selección mexicana para la Copa Oro que se jugará en este verano, y ahí apareció escondido un nombre extraño, apenas familiar para los fanáticos del Club León, y que confirmaba su primer llamado para representar a su país.

Se trata de Iván Rodriguez Rebollar, mediocampista de contención del Club León, un joven futbolista de apenas 22 años de edad que ha completado un crecimiento meteórico desde que Javier Torrente lo debutara en el 2017, y hasta ahora, cuando se ha convertido en la pieza más importante del equipo esmeralda, y en el punto de equilibrio desde donde parte el futbol ofensivo y goleador que ha maravillado a toda la liga.

Pero su camino comenzó mucho antes, como el de muchos otros, sin reflectores ni atenciones especiales, como un niño que sueña con algún día jugar al futbol profesional en la primera división.

Yo lo conocí demasiado pronto, en los recesos de la preparatoria de la Universidad Meridiano. Coincidimos ahí, en plena adolescencia, y llegamos a patear pelotas juntos, en el pequeño estacionamiento de la escuela, en espera de no reventar los retrovisores de los autos de los maestros y el personal administrativo.

En ese entonces sabíamos que tanto él como Obed González Anaya, nieto del mítico Xelajú y con quien también compartimos el salón de clases, eran parte de las fuerzas básicas de la Fiera, pero muy lejos aún del éxito, la fama y toda esa vorágine de cambios que trae el futbol profesional.

Pero desde esos momentos, Iván ya mostraba las cualidades que lo han llevado hasta donde está hoy. Era serio, callado, humilde y trabajador. No éramos especialmente allegados, pero cuando coincidimos siempre fue amable, alegre y, en términos más simples, buena gente. Ya tenía ese perfil discreto, el de esas personas con la cualidad de aparecer cuando más se les necesita, y siempre dispuestas a dar una mano si así se requiere.

Después el futbol lo llevó por otro camino. Su horario de entrenamientos cambió, y tanto Iván como Obed tuvieron que cambiar también de escuela para encontrar una que se adaptara mejor a su ritmo de vida entre las aulas y las canchas.

Años después volvimos a coincidir, yo desde la trinchera de los medios, él como protagonista en el campo. Apareció por primera vez con Javier Torrente, pero le pasó lo que les pasa a muchos, que debutan por unos minutos, ven su sueño alcanzado, para después ya no ser tomados en cuenta por su técnico. Él jugó en la primera fecha del Clausura 2017 contra Pachuca, y después no volvió a jugar durante el resto del torneo.

Fue hasta el Apertura 2017 cuando regresó para quedarse. Primero suplió una lateral izquierda que estaba huérfana por las lesiones de Osvaldo Rodríguez y Juan Cornejo, y después, con la llegada de Gustavo Díaz, volvió al medio campo, donde siempre se sintió mejor.

Así avanzó el tiempo, y en el 2018 encontró la continuidad. Se erigió como un titular indiscutible en la contención, y poco a poco, discreto, como sin querer molestar a nadie, se hizo con un nombre propio. Compitió frente a Leonel López, Alex Mejía y Emanuel Cecchini, y hoy ya no queda ninguno, solo él. Con la llegada de Pedro Aquino parecía que volvería a la banca, pero entre las lesiones del peruano y el gran nivel que ha mostrado Iván, ha terminado por imponerse, hasta convertirse hoy en el eje fundamental del equipo, y en uno de los principales argumentos para pensar que el Club León puede llegar a ser campeón.

Hace un par de semanas, cuando el Ajax de Amsterdam todavía soñaba con la Copa de Europa y maravillaba a los críticos de todo el mundo, el medio catalán Panenka.org apuntaba a una de las piezas menos reconocidas de ese equipo, Donny Van de Beek, y Miguel Quintana se preguntaba en su nota: “¿No es un poco raro que llevemos tres meses hablando de lo poco que se habla de Donny? Es parte de la paradoja Van de Beek”. Pues aquí en el Bajío llevamos un año hablando de lo poco que se habla de Iván Rodriguez, el motor del centro del campo, el del trabajo sucio, el discreto y oportuno destructor de juego. La paradoja Iván Rodríguez hoy ha alcanzado su punto máximo, con una convocatoria más que merecida que lo pone entre los mejores futbolistas de todo el país, a pesar de haber sido completamente ignorado por las selecciones menores, donde nunca tuvo un solo llamado.

Y lo mejor de todo es que, a pesar de todos estos éxitos, todavía no ve su techo, por lo que podemos esperar que siga su avance, con trabajo duro, sacrificio y entrega, porque ese ha sido su camino y lo que lo ha llevado hasta donde está, ya muy lejos de las pelotas que tiraban retrovisores en el estacionamiento, y más cerca de la selección mexicana de futbol. #DaleLeón

Comentarios

Suscríbete a #DaleLeón

Recibe nuestras últimas noticias, solo debes ingresar tu correo electrónico.