La diferencia entre Tita y Boselli

Por El Grinch Esmeralda | Foto: Especial

Tita ganó un título con el León en dos etapas, con dos presidentes.

Mauro Boselli ha ganado dos títulos con la Fiera, en la administración de Grupo Pachuca-Carso.

A Tita lo trajo Roberto Zermeño y se convirtió en la figura del equipo de Vucetich, contando con Marquinho como escudero. Era un equipazo. Aún se jugaban los torneos largos.

Todavía ahora, 25 años después del título conseguido por el León de Tita, Coyote, Martín Peña, Turrubiates y el 'Chato' Ferreira, entre otros cracks, la gente que es y no es aficionada a la Fiera, se acuerda de Milton Queiroz da Paixao en León y fuera de León.

Bebeto, el seleccionado brasileño que inmortalizó el festejo de gol en que hacía como que cargaba a un bebé junto a Romario, en el Mundial de Estados Unidos 1994, le decía 'Chita'.

Como aficionado del León, creo que es fácil establecer la diferencia entre Tita y Boselli, aunque el delantero argentino supere los registros goleadores del brasileño.

Para mí, Tita será un ídolo y Boselli sólo un goleador de época.

Tita fue digno de ovaciones, el estadio coreaba su nombre, cuando los rivales cometían una falta se esperaba que pasaran unos instantes para celebrar un gol, aunque estuviera a una gran distancia, y disfrutar un momento de adrenalina y poder patrocinado por Milton.

La autoridad del brasileño llegó a su Everest el día en que tras anotar un gol se quitó la camiseta, la lanzó a la tribuna y se largó al vestuario faltando unos minutos para que concluyera el encuentro. Porque él mandaba y porque la afición sabía quién era el patrón en la cancha.

Los números dicen que anotó 97 goles, pero la historia y la memoria lo catapultarán a la categoría de ídolo, mito y leyenda. Ya lo es. Un incidente con Francisco Gabriel de Anda, un exjugador de medio pelo que ahora es comentarista de ESPN, viste trajes muy bonitos y habla como un sabelotodo, interrumpió su carrera como entrenador de la Fiera. Sus resultados no eran malos, pero el equipo que dirigía no inspiraba magia, como la que sí transmitía cuando jugaba.

Entonces Tita dejó, probablemente para siempre, de formar parte de manera activa del Club León.

Mauro Boselli es capaz de superar a Adalberto 'Dumbo' López, el máximo goleador histórico del Club León (136 goles), y es un referente en la historia ganadora del León desde el primer torneo en el que Gustavo Matosas acertó al traerlo, rescatándolo del bache en el que se encontraba en Europa.

Boselli ha respondido con goles a la confianza que la directiva la ha tenido con varias renovaciones, pero no alcanza la condición de mito, ni leyenda, ni ídolo, porque a pesar de ser capitán, no conecta con la tribuna. Es inalcanzable, acaso inexpresivo o simplemente siempre está demasiado concentrado en el juego. Vive su pasión de otra manera.

Aclaro que nunca olvidaré el día que Boselli le anotó ese gol al América en el Azteca. Nunca. Ningún verdadero aficionado al León lo haría. Mucho menos el gol anotado al Pachuca. Dios te bendiga, Matador.

Pero uno de los mejores recuerdos de mi vida es el día en que Tita anotó ese gol en el que se convirtió en uno de los nuestros y dejó que la sangre hirviera, corriera hacia la tribuna y gritando como un loco se quitara la playera y se refugiara en el vestidor sabiendo que el trabajo estaba hecho. Ni el árbitro se explicaba dónde demonios estaba. Un loco.

Grité ¡Tita, Tita, Tita', unas 15 o 20 veces, antes y después de un gol. Nunca me he visto en la posición o el interés de gritar por Mauro, ni recuerdo haberle aplaudido, sólo he gritado sus goles, con amor, pasión y locura. Nada más. No lo veo como un ídolo. Se quedará a vivir en León o se irá. Será un buen recuerdo. Listo.

Pero Tita me hacía hervir, porque eso es lo que provoca un ídolo, un referente, un jugador que no necesita besar el escudo para que un aficionado sepa que se respeta y ama ese escudo.

Esa es la diferencia entre un gran jugador y un ídolo. Los números dicen mucho, pero las sensaciones dicen más.

Gracias eternas, Tita. Felicidades, y que vengan muchos más, Mauro.

Los récords se hicieron para romperse, pero los ídolos nunca mueren.

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