La afición esmeralda está de regreso

Por Jorge Ramos Pérez | Foto: Paulina Vaqueiro

La noche de ayer no fue una noche cualquiera. El Club León, que parecía estar aletargado desde hacía un par de años, despertó por fin con un rugido tremendo, y dio una noche mágica de futbol que se imprimió a fuego lento en la memoria de los aficionados que estuvieron presentes.

Porque la velada no solo fue de los futbolistas, que consiguieron el pase a las semifinales de la Copa MX ante uno de los equipos más importantes del país. No solo fue de un William Yarbrough excelso, que pareció sacarse en los penales todo el coraje por perder la titularidad en liga. No fue solo de Walter González, que explotó en alegría tras marcar el empate, y que ya apunta a ser un bastión importante para el futuro de la Fiera. No fue solo de Jean Meneses, que demostró calidad suficiente como para imponerse en la titularidad en cualquier competencia.

No solo fue de Ignacio Ambriz, el tan cuestionado técnico esmeralda que con trabajo y resultados ha comenzado a cambiar la mala impresión que la mayoría de la gente tenía de él.

No. La noche del miércoles le pertenece en gran parte a la afición.

Luego un periodo oscuro, con más fracasos y frustraciones que buen futbol, el pueblo verdiblanco se sacó una espina que llevaba clavada durante mucho tiempo, y convirtió a su templo en un viacrucis para el visitante, que se estremeció al escuchar la voz estentórea de una grada totalmente entregada a su equipo.

El mismo Pumas que en el pasado había mostrado la capacidad de llenar el estadio León con sus fanáticos, ahora sí sufrió al tener el balón, pues inmediatamente sentían la presión de 16 mil almas enfadadas que les impedían moverse en libertad.

Si no lo creen, que le pregunten a Miguel Fraga, que sucumbió ante el calor insoportable de miles de voces enloquecidas que lo invitaban a fallar. Y precisamente, en el momento más importante, falló.

Pero los que seguramente tendrán pesadillas en esmeralda son el árbitro central Óscar Mejía, y sus asistentes Alejandro Ayala y César Cerritos, quienes recibieron todo el odio de la fanaticada verdiblanca luego de cuatro goles anulados, por lo menos tres injustamente, por lo que fueron la víctima ideal del efervescente estado de ánimo del estadio.

Así que el pase a las semifinales será memorable, no solo por el resultado o el buen funcionamiento del equipo, sino también porque significó el regreso de una conexión que desde hace mucho tiempo parecía perdida entre la grada y el equipo.

Y para el resto de la temporada, esperemos que se mantenga esta relación, que la hinchada pese como antes y que el Nou Camp vuelva a ser un fuerte inexpugnable, de donde nadie pueda salir ileso.

Últimas columnas

04-10-2018
La afición esmeralda está de regreso
Leer más
01-10-2018
Así mueve Ambriz sus cartas
Leer más
24-09-2018
Nacho: aprovecha, este es tu salvavidas
Leer más
22-09-2018
¿Cuál es el técnico ideal para el Club León
Leer más

Suscríbete a #DaleLeón y recibe nuestras últimas noticias

Por favor ingresa tu nombre y tu correo electrónico, antes puedes leer nuestro aviso de privacidad.