El espíritu del 2012

Foto de Francisco Maceria

Era un equipo sorprendente, inesperado y ganador. Después de años de fracasos y sufrimientos, de derrotas y frustración, nadie en el Bajío apostaba por el cuadro esmeralda que nos sacó de la miseria y nos llevó de nuevo a donde siempre debimos estar.

Era un equipo de época, de autor. Con un técnico infravalorado que generaba más dudas que certezas cuando tomó las riendas, pero que después nos demostró que entendió mejor que nadie cómo se vive el futbol en el Bajío, y que podemos caer y caer y caer y caer, pero que siempre estaremos ahí, expectantes, listos para cuando volvamos a levantarnos.

Era un equipo aguerrido, inconformista y triunfador. Lleno de futbolistas rechazados, indeseables, que no habían encontrado lugar en ningún otro lugar. Hasta que apareció León, y les ofreció la redención, una segunda oportunidad para demostrarles a todos que estaban equivocados, y que los que estaban acabados serían sus enemigos.

Era un equipo mágico, ofensivo, total. Su arma era atacar, una y otra vez, con fuerza, por una banda, por la otra, por el centro, desde el medio campo o desde las laterales, y si fallaban lo volvían a intentar, siempre, hasta anotar más goles que su rival.

Era un equipo que conectó con su afición, que regresó a su pueblo al “Glorioso”, y que les demostró que, por primera vez en mucho tiempo, había un digno representante de sus colores y de su escudo.

Era un equipo unido, más hermanos que compañeros, todos talentosos y descarados, y todos sostenidos por el 10 interminable, Luis “Chapo” Montes, el mariscal de campo, el generador de juego y de pasión sobre el que se sustenta el corazón de todo el conjunto.

Era un equipo soñador, que no conocía límites. Arrastraron su orgullo y su fortaleza por todo el país, para demostrar que eran hombres, y que le podían sostener la mirada, de tú a tú, a quien fuera que se les pusiera enfrente.

No era, es este mismo equipo, el de Ignacio Ambriz, el que está a cuatro partidos del campeonato. Este Club León, ya completamente nuevo, renovado, pero que juega con ese mismo espíritu, el del ascenso del 2012, el que nos hizo volver a creer, y nos devolvió la grandeza y la dignidad.

El tiempo es cíclico, y hoy el León está de vuelta, camino de la gloria. Este 12 de mayo recordamos nuestro renacimiento, nuestro regreso a la vida, y ahora, siete años después, apuntamos otra vez a las estrellas.

Restan 360 minutos para el campeonato, pero más allá de los logros, los verdes ya nos han dejado algo mucho más importante: nos han permitido volver a soñar. #DaleLeón

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