Brindis por el año que se va

Volvieron a pasar 365 días con sus noches y seis horas más. El 2018 nos abandona, nos despide violentamente, sin abrazos ni consuelo. Sabe que ha sido un hijo de puta, y a nosotros nos alegra que se vaya lo más rápido posible, y que nos deje soñar con un futuro mejor.

Este año el futbol ha sido cruel. Ha terminado una época, varios cuentos de hadas llegaron a su fin, y los magos que tanto nos ilusionaron en el pasado acabaron por admitir que la magia no existe, y que todo ha sido un truco.

El Hamburgo, por ejemplo, el “Dinosaurio”, un histórico de Alemania y de Europa, dejó la primera división de su país y rompió una racha de 55 años consecutivos en la Bundesliga, el único equipo que, hasta ahora, nunca había descendido. Iniesta dejó Barcelona, y el “Niño” dejó Madrid. Cristiano Ronaldo dejó España, y Rafael Márquez dejó el futbol. A medio año nos ilusionamos como nunca con la victoria ante Alemania, pero sabíamos que todo acabaría como siempre desde la goleada ante Suecia.

Y en León las cosas no fueron diferentes. Un año completo sin liguillas. Un equipo desangelado que se perdió en el camino, o que más bien nunca supo comenzar a andar. Se despidió Elías Hernández, que cargó en los últimos años con la esperanza verdiblanca, y ahora todo indica que se va el segundo máximo goleador de la historia del club. El ídolo, el que más entiende la pasión por el Esmeralda, se pasó casi todo el año lesionado. El estadio vuelve a estar medio vacío, y la afición, decepcionada y hastiada por la frustración de saber que hay potencial para más, terminó enemistada con su propio equipo, y los partidos en el Glorioso se convirtieron en una losa inconmensurable para los futbolistas verdiblancos.

Algo se rompió en el Bajío en este 2018, y la realidad es que no sabemos cuándo, o si podrá ser reparado.

Así que en la víspera del cambio, con los aires fríos de enero que ya acarician los tejados de la ciudad, no queda más que hacer un brindis por el año que se fue, tragar la sidra y desear que el 2018 no vuelva más, que se largue por donde vino, y que se quede con nuestro coraje e impotencia.

Y después gritar al cielo que viva el Club León, que el 2019 será nuestro año y que la gloria y la felicidad nos encontrarán a mediados de mayo y diciembre. Y ahora sí, con una fe ciega e inexplicable, podremos levantarnos el cuello y decirle con toda honestidad al de la silla de enfrente, que, otra vez y para siempre, ser Fiera es un orgullo.

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