Boselli: la desgracia del killer que pudo ser leyenda

No es lo mismo ser el máximo goleador en la historia de un club que ser el segundo.

Eso es lo que jode con la lamentable, oscura, inexplicable y sospechosa situación que enfrenta al Club León y a Mauro Boselli, el mejor goleador que ha tenido la institución desde los tiempos de ‘Tita’.

Mauro está a unos cuantos goles de convertirse en el máximo goleador en la historia de nuestro equipo, una franquicia histórica, ganadora, con pasajes de sufrimiento, pero llena de capítulos que le confieren categoría y jerarquía en el futbol mexicano.

Boselli llegó de la mano de Matosas. Venía de años difíciles, peleado con el gol, tras aventuras complicadas en Europa luego de haber demostrado su calidad en Sudamérica, donde es más que respetado.

Inmediatamente encajó en el sistema que nos enamoró a todos y que revitalizó un proyecto enarbolado por Grupo Pachuca, pero que en los hechos fue concebido por la visión y estilo de Matosas, y materializado por la calidad y el corazón de Gullit, Nacho, Gallo, Chapo, Rafa, Britos, Elías y compañía. Mauro anotó goles en las dos series finales que derivaron en el BI y tuvo en el América a su mejor cliente.

En el recambio de jugadores, Boselli se convirtió en el líder, sobre todo tras la salida de Matosas, el guía todavía añorado por muchos. Y ante la falta de refuerzos de altura, como los que se fueron, se convirtió en el caudillo de un grupo huérfano de liderazgo real y representatividad del escudo, papel que sólo puede asumir Nacho González, voz autorizada, emocional, categórica y de las pocas autocríticas, incluso carismáticas, pero ausente en la cancha, lacerado por una secuencia de lesiones que han privado al equipo de su personalidad en el campo de juego.

Entonces todo recayó en Mauro, lo bueno y lo malo. Las alabanzas y las críticas. Las leyendas urbanas y las esperanzas.

Pero la agonía de la separación que está por concretarse se empezó a fraguar cuando a falta de poco tiempo para la conclusión de su contrato, no se anunciara una renovación o al menos una disposición para negociar, máxime cuando estaba tan cerca de convertirse en el goleador número uno. En leyenda.

Si las negociaciones no suelen ser públicas, me parece que tampoco debió serlo el enfrentamiento dirimido por Mauro y el Club en las redes sociales. Fue como poner a un hijo a tomar partido entre su padre y su madre cuando un divorcio está por consumarse. ¿Por qué adoptar esa postura?, ¿cuál era la necesidad de jugar las cartas de la victimización (Mauro) y/o lavarse las manos (el Club)?

El problema es que nunca sabremos quién mintió, porque al menos para mí, tanto el jugador como la directiva, carecen de certidumbre para creer a ciegas en una u otra versión, porque lastimosamente eso fue lo que provocaron, bandos, entre su misma afición. Los que creen en Boselli y los que pensamos que la directiva hizo lo correcto. Como sea, mal por los dos.

Lo que pudo haber terminado en un histórico récord, honorable y merecido, se convirtió en un pleito de barrio que lastima y divide a quien ha sostenido al Club León en sus peores momentos: la afición, los que compramos las playeras llenas de publicidad, vamos al estadio, vemos los juegos por televisión de paga, los que compran Fierabono, y eso sin mencionar el hecho de que aguantamos todo lo que significó el paso por la Primera A en estadios y plazas de caricatura, directivas de quinta, jugadores que no querían el escudo y desilusiones constantes.

Ojalá hubiera un resquicio para la reconsideración en ambas partes: la directiva y Boselli. Por lo que fue y lo que debería ser.

Y si no, gracias infinitas, Mauro (para una generación tú serás el referente, aunque seas el goleador número dos).

Y a la directiva: esperamos que llegue el día en que con estadio nuevo o sin él, pensemos más allá del sexto lugar de la tabla general, que las metas sean más ambiciosas, con infraestructura, un staff 100% profesional y jugadores a los que se les exijan cuentas, sin consentidos y sin señalados.

P.D. En esa imagen en la que Mauro se ve solitario, victimizado, en la tribuna del Estadio León, no sólo luce lamentable ‘El Matador de Barracas’, también se proyecta muy falta de categoría la directiva del Club León. Al César lo que es el del César: 130 goles con un equipo no los marca cualquiera. #DaleLeón

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